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Indulto encubierto de Villar al 'cochinillazo' del Camp Nou

La federación salda con una multa de 4.000 euros los incidentes de 2002.

<b>INCIDENTES. </b>Luis Figo va a sacar un córner, Roberto Carlos espera y una cabeza de lechón asado &#39;observa&#39; en silencio. Fue el 23 de noviembre de 2003, en el Camp Nou.
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A simple vista es una multa, pero si se observa a la luz de los hechos de la historia reciente se trata de un indulto encubierto. Los incidentes que protagonizó una parte de la afición del Barcelona en el Camp Nou el 23 de noviembre de 2002, durante el clásico contra el Real Madrid, se han saldado con la imposición de una sanción económica de 4.000 euros. El llamado cochinillazo (porque entre los numerosos y variados objetos caídos al terreno de juego desde el graderío se encontró una cabeza de cochinillo asado) ha pasado de suponer el cierre del Camp Nou durante dos jornadas a apenas una multa, por obra y gracia de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF).

Será difícil evitar que quienes ven en la alianza entre los presidentes de la RFEF, Ángel Villar, y del Barça, Joan Laporta, un pacto de conveniencia no encuentren en la decisión federativa un elemento de desconfianza.

La RFEF argumenta que la resolución del Comité de Competición del 10 de diciembre de 2002, por la cual se sancionaban los incidentes con el cierre del Camp Nou durante dos jornadas, queda revocada por la posterior redacción del artículo 118 de los estatutos federativos, aprobada por la asamblea de 2003 a propuesta de la Liga de Fútbol Profesional (y a iniciativa del ex presidente barcelonista Joan Gaspart), que no contempla el cierre de instalaciones.

De esta manera, la multa accesoria de 4.000 euros que también contemplaba aquella resolución queda como único castigo por el cochinillazo y la lluvia de otros objetos (entre ellos, mecheros, monedas y hasta una botella de whisky vacía).

El presidente del Comité de Competición, Alfredo Flórez, entiende que la decisión federativa despierte quejas desde sectores que ven en ella un agravio comparativo, pero se atiene a las razones jurídicas que provocaron el fallo de trocar la clausura del campo en una multa. "El Barcelona, que había recurrido la decisión del cierre del campo al Comité de Apelación, vio cómo éste confirmaba la sanción, por lo que decidió ir a la vía administrativa. Así, consiguió la suspensión cautelar. Cuando el Barcelona tuvo conocimiento de la reforma, entendió que todas las resoluciones favorables eran retroactivas", dijo Flórez.

"Entiendo las quejas de otros clubes que en la misma situación tuvieron que cumplir con el cierre del campo, pero las sanciones cumplidas ya lo están, por lo que poco podemos hacer", concluyó.

Aunque por el momento se abstuvo de hacer pública cualquier reacción oficial, la satisfacción en la directiva del Barcelona es notoria. El apoyo de Laporta a Villar en las elecciones a la presidencia de la RFEF celebradas el pasado mes de noviembre parece haber dado sus frutos con esta decisión del organismo rector del fútbol.

Villar no pudo conceder la amnistía tras su reelección, pero con la circular de ayer salda un asunto en el que el Barça superó incluso los límites de la justicia deportiva.

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El Castellón sí que cumplió los dos partidos de clausura

Pese a que en ese momento ya se había modificado el artículo 118, el Castellón tuvo que cumplir dos partidos de sanción por los incidentes de público graves registrados en el partido de Copa que disputó ante el Valencia. En principio, Competición clausuró Castalia por cuatro encuentros y luego Apelación rebajó la suspensión a dos. Al club castellonense se le aplicó la normativa anterior porque ésta, en un principio, fue rechazada por el CSD por un aspecto formal. Al no recurrir al CEDD no pudo conseguir la retroactividad de la norma.

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