III Mundialito de la Inmigración | Semifinales

Cabo Verde tiene "once hermanos" de Valdo

El padre del osasunista es el seleccionador de los africanos

El padre de Valdo, José Lopes, a sus 47 años entretiene sus días de jubilado dirigiendo a la selección de Cabo Verde
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Durante 21 años bajó al centro de la tierra cada día a luchar con su martillo hidráulico contra las paredes de carbón. Quizá por eso tenga las manos tan grandes y los brazos de un boxeador.

El padre de Valdo, José Lopes, a sus 47 años entretiene sus días de jubilado dirigiendo a la selección de Cabo Verde que se ha clasificado para las semifinales del Mundialito. "Ahora me dedico a aguantar a estos", dice José mezclando el cariño del que se siente padre con la guasa de alguien que está hablando de sus amigos. Esa frase resume muy bien la relación de José con sus jugadores. Es el padre de Valdo, pero futbolísticamente tiene muchos hijos. A Amelito y a Gilson, entre otros, les ha visto crecer cada domingo en un campo de fútbol, él dirigiendo desde una banda. Y siempre que puede dirige la conversación hacia ellos y sus cualidades, "mi ilusión es que los ojeadores vengan al Mundialito y vean a mis chicos porque tengo jugadores muy válidos", repite siempre que la conversación le deja un hueco. Los entrenamientos que dirige son distendidos y alegres ( como el fútbol de Cabo Verde en el Mundialito), a ver quién es capaz de ser sargento con sus "hijos".

Viste la ropa de entrenamiento de la Selección que le regala Valdo. Le queda perfecta porque pese a rondar los 50 años posee un físico extraordinario, haber sido minero tiene algún beneficio. La mezcla, el mestizaje, es algo que los caboverdianos llevan en la sangre y a José se le nota hasta al hablar. En el correcto castellano en el que se expresa se cuelan palabras portuguesas y expresiones típicas del norte de España ("esos guajes no tienen miedo a nada" dice al referirse a varios jugadores suyos).

Una reconversión minera le obligó a aceptar la cartilla de jubilado a los 39 años, después de 21 peleando con el carbón. El fútbol, que ya le ocupaba los tiempos libres que le dejaba el trabajo, pasó a llenar casi todos sus minutos. Se está sacando el título de entrenador y no descarta dedicarse profesionalmente a dirigir equipos. Pero para ello tendría que renunciar a la pensión, su sustento económico.

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Influencias. Sonríe mucho, continuamente, pero esa mueca se torna en risa cuando se le pregunta si ha tratado alguna vez de aprovechar las influencias de su hijo para su futuro como entrenador. "No, no, no", niega abundantemente, cómo si se tratara de una gran locura.

Ese carácter alegre se refleja en el juego de su selección, alegre, vistosa y, sobre todo, respetuosa con el contrario. Le preocupa mucho la violencia en el terreno de juego y se lo ha inculcado a sus jugadores. "Los lunes hay que trabajar y no nos podemos permitir el lujo de perder un jornal por una mala patada", explica. Él ha sido minero y sabe lo que cuesta ganar llevar el dinero a casa.

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