Cuando el tamaño sí importa
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Uno podría subirse un mes a la luna y al bajar, recuperada la gravedad, se encontraría que los periódicos zaragozanos siguen dándole vueltas a los mismos nombres. Sergio García atado pero todavía sin firmar, o sea que menos atado; Galletti a punto de ser del Atlético; Milito siempre amenazado y el Zaragoza preparando esa oferta que no va a poder rechazar... Si a don Corleone le hubiera costado tanto imaginar esas propuestas y ponerlas sobre la mesa, no hubiera durado ni diez minutos en un Nueva York de hampones. Espaguetis por la cabeza y Milito al Liverpool. Efectivamente, en el Zaragoza cada paso en una negociación es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad. El verano es lento, tan lento como la Expo y la obra del Pilar. Por las tardes llueve despacio el monzón monegrino. Al final siempre viene alguien.
La decisión entre Pandiani y el Piojo López supone una disyuntiva interesante que indica que, en el fútbol, a veces el tamaño sí importa. Víctor prefiere al Rifle. No es raro: cualquier hombre se siente más seguro con un Winchester en las manos, esté en el porche de su casa o en la sabana del Kalahari, rodeado de leones. O en la Liga. Víctor quiere a Pandiani porque ve en él una promesa de gol y la contundencia física de la que carece el equipo. Y le debe parecer (esto es una presunción) que juntar a López con Sergio sería como merendar pan con pan, el ataque de los clones, el espejo de dos lados. La negociación aparece mucho más sencilla con el Piojo (también prolijo en el gol, por cierto) pero en el club se entiende que quizás ésta sea buena ocasión para tender una mano al deseo de Víctor, después de esa renovación tan canalla que se le acabó planteando. Veremos.




