Robert Hoyzer

"Me cegó el dinero rápido y fácil y ese fue mi problema"

Robert Hoyzer, el árbitro alemán de 25 años que se corrompió por dinero y aceptó amañar algunos partidos por 67.000 euros y una televisión, habló ayer en exclusiva para AS. Hoyzer, que pasó 13 días recluido en la cárcel de Moabit, ha sido acusado de estafa y de asociación para delinquir. Se enfrenta a un juicio en el que están implicadas 29 personas y pueden caerle varios años de cárcel.

<b>DURAS PENAS.</b> Se enfrenta a un juicio en el que están implicadas 29 personas y pueden caerle varios años de cárcel.
Joaquín Maroto
Redacción de AS
Actualizado a

¿Cómo empezó todo este escándalo?

Esta desgracia empezó en abril del año pasado. Yo era un árbitro normal, semiprofesional. Un primo de los hermanos Sapina, los dueños croatas del Café King, me los presentó. Empezaron pidiéndome pequeños favores, pero ya tenían planeado ofrecerme manipular los partidos para hacer negocios con las apuestas. (El caso Hoyzer arrancó cuando el ex árbitro, un prusiano de cerca de dos metros de altura y seguro que más de 100 kilos de peso, pelo rubio, ayudó al Paderborn, de la Tercera División, a eliminar al Hamburgo de la Copa de Alemania. Luego hizo otros trabajos, y por todo ello recibió un total de 67.000 euros y una televisión).

¿No se dio cuenta de que se metía en un gravísimo problema?

Al principio no me di cuenta de nada. Aceptaba los encargos y ya está. Jamás llegué a pensar en la dimensión que iban a tener mis actos, ni tampoco en sus consecuencias.

Hubo un momento en el que pudo elegir y eligió prestarse a amañar partidos. ¿Por qué lo hizo?

Me cegué. Empecé a ganar dinero fácil y rápido y eso le gusta a todo el mundo cuando tienes 25 años y aún no conoces muchas cosas. Cuando me di cuenta ya no podía salir porque pierdes el sentido de la realidad.

¿Está arrepentido?

Ya he pedido perdón públicamente y quiero aprovechar para pedirlo otra vez. Estoy arrepentido de lo que hice y nunca jamás volveré a hacer algo así. He aprendido la lección.

Ya, pero no vale con eso. Ahora tiene que cargar con las consecuencias.

No vale de nada lamentarse, por eso sólo me queda aceptar el castigo. He hecho algo incorrecto y estoy dispuesto a cargar con lo que la justicia me imponga. Esconderse en un rincón y ponerse a llorar no vale de nada. Acepto los hechos y aceptaré el castigo.

¿Cuándo pensó en todo lo que había hecho?

Pasé trece días en la prisión de Moabit, aquí en Berlín. Cuando entré en la cárcel me parecía estar viviendo una pesadilla, pero era algo real. La segunda noche en la cárcel fue cuando asumí todo lo que estaba pasando. Recordé y me lamenté, pero ya era tarde.

¿Sabe que puede volver a prisión?

Es a lo único que tengo miedo, pero espero que al haber colaborado con la justicia y contar todo lo que he vivido me ayude. Lo he hecho porque prefería contarlo todo, decir toda la verdad y que cada uno, yo también, cargue con sus responsabilidades. Además, es una forma de arrepentimiento y creo que será de ayuda para la Justicia.

¿Se ha sentido solo desde que se desató el escándalo?

Muy solo. Únicamente he tenido el apoyo de mi familia y de algunos, muy pocos, amigos. Mi familia y un par de amigos me están ayudando a superar toda esta pesadilla. He cometido un error, un error grave, pero tengo sólo 25 años y quiero rehacerme y salir adelante.

¿Qué le impuso a contar todo lo que sabe sobre el amaño de partidos?

Lo hice por convicción y también por consejo de mis abogados. Estoy a disposición de las autoridades, del fiscal y de la Policía para ayudarles a llegar al final de este negocio. He decidido hacer tabla rasa y voy a contar toda la verdad. No es colaboracionismo, sino sólo ganas de ayudar aportando información.

¿De lo que usted ha vivido y sabe, diría que su caso es un caso aislado o es algo más extendido de lo que parece?

Con el tiempo que he estado dentro y los contactos que he tenido en este negocio yo sospecho que no está limitado sólo a Alemania, sino que afecta a toda Europa. El problema es que es muy difícil controlar el mundo de las apuestas. Yo propongo que se creen bajo un marco legal de control estatal, pero aún así creo que sería difícil evitar algunas trampas. Si el Estado controla las apuestas ayudaría al control, pero no acabaría con la corrupción.

¿Qué les diría a los jóvenes árbitros, a los que ahora empiezan y conocen su caso?

Se lo digo a los jóvenes y a los expertos, a todos: Si se ven en una situación similar a la mía deben acordarse de la tragedia que estoy viviendo por no decir que no. Les digo que piensen en lo que me está pasando a mí y que vayan por el camino recto.

¿Se ha sentido maltratado por la Justicia, por la Prensa, por el público?

He recibido críticas muy severas desde todos los sectores, pero claro que con razón. Por eso no me siento injustamente tratado, porque lo que hice está muy mal. Pero por otra parte he mostrado arrepentimiento, estoy de verdad arrepentido y avergonzado y también dispuesto a cargar con el castigo que se me imponga. A partir de aquí tengo 25 años y, una vez cumplido ese castigo, espero que la vida me trate mejor.

Y todo por 67.000 euros y una tele...

El problema no es cuánto dinero te has metido en el bolsillo, el problema es que he cometido un delito. He cometido un delito que puede considerarse estafa y tengo que cumplir con el castigo que se me imponga.

¿Era usted uno de los cabecillas de la banda?

Esto sí que se puede saber por el dinero que ha ganado cada uno. Yo no me he enriquecido y otros han ganado millones. Así se podrá saber quién movía los hilos y quiénes éramos las marionetas. Desde luego yo no era el responsable de controlar el negocio.

Y los valores, ¿los perdió?

Llega un momento en el que no pierdes sólo los valores profesionales, sino también los personales. Ya he dicho que me cegué. Me cegó el dinero fácil y ese fue mi problema.

Se llegó a decir que había tenido tendencia al suicidio. ¿Es eso cierto?

Bueno, he pasado por momentos muy graves y muy duros. Yo ya he estado en la cárcel. He pasado por muy malos ratos diría yo.

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¿Cómo espera que acabe todo?

Como decimos en Alemania, espero salir con los dos ojos morados, pero confío en no volver a la cárcel. Eso sí sería muy duro de soportar. Esos trece días fueron los peores de mi vida.

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