Copa Confederaciones | Brasil 3 - Grecia 0

Robinho se estrena con sobresaliente

Tuvo muchas ocasiones, marcó el segundo gol de Brasil a Grecia y fue elegido mejor jugador del partido

<b>SE ESTRENÓ CON UN GOL. </b>Robinho jugó por primera vez en Europa, logró el segundo gol de Brasil y fue elegido el mejor jugador del partido.
Joaquín Maroto
Redacción de AS
Actualizado a

Robinho superó la prueba. El joven delantero brasileño, que el Madrid anunciará como nuevo fichaje de forma inminente, demostró ante los defensas griegos que reúne las dos condiciones básicas para adaptarse con éxito al fútbol europeo: velocidad y habilidad. Robinho es rápido, pero sobre todo es listo. Sabe que sus 61 kilos de peso no son suficientes para enfrentarse cara a cara con los duros y rudos marcadores de las Ligas continentales, y anoche en Leipzig, ante Goumas, Seitaridis y Kyrgiakos, la defensa campeona de Europa, demostró que la combinación de maña y rapidez le bastará para superar esa adversidad.

Robinho se gustó y gustó, pues fue elegido mejor jugador del partido. Él hizo jugar a su selección, y además protagonizó las mejores ocasiones. Pero no bastó. Brasil tardó 40 minutos en abrir la defensa griega, y tuvo que ser desde la larga distancia. La potencia de Adriano lo hizo posible. El ariete del Inter lanzó un obús desde 30 metros que se coló junto al palo de Nikopolidis. El meta griego vio el remate, pero no tuvo tiempo de atajar el balón porque Adriano enganchó un zurdazo tremendo, muy parecido al que le marcó al Roma en el Olímpico hace diez días en la semifinal de la Copa de Italia. Si ese gol pudo parecer una casualidad, anoche demostró que no lo fue. Repitió desde la misma distancia, le pegó al balón con idéntica violencia y firmó un gran gol. Adriano es el Puskas de los tiempos modernos. No hay otro delantero en el mundo que le pegué al balón con la izquierda con la fuerza que le pega él. Ronaldo se le acerca, pero no llega. Eso sí, Ronaldo remata con las dos piernas y Adriano depende de su zurda.

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Fue Adriano el que abrió la cuenta, pero debió haber sido Robinho. Dispuso de muy buenas ocasiones. La primera justo al cuarto de hora de partido. Recibió un balón de Ronaldinho, avanzó unos metros y lanzó con la derecha. El remate, colocado pero blando, lo atrapó el guardameta griego. Sólo dos minutos después, en el 17', hizo la jugada más bonita del partido. Recibió en medio campo y se fue de Zagorakis con un regate seco, avanzó lo que le dejaron los griegos, que le salian al paso a cada metro. Se quitó de encima a otros dos rivales y ya cerca del área hizo una bicicleta preciosa para zafarse de Goumas, que se venció engañado dejándole el hueco suficiente para el tiro. Robinho, otra vez con la derecha, repitió. Pero el balón, como la primera vez, llegó sin velocidad y facilitó la parada a Nikopolidis.

Robinho parecía empeñado en marcar en su debut en los campos europeos y encontró el premio a su insistencia en el primer segundo de la segunda mitad. Gilberto inició una prodigiosa carrera por la izquierda. Avanzó, diez, veinte, hasta treinta metros con la pelota pegada al pie y lanzó, desde el pico del área, un centro chut que hubiera salido por la línea de fondo de no ser porque Robinho, mientras los griegos aún estaban despistados, siguió la jugada con atención, llegó en carrera y a tiempo para meter el pie derecho y machacar en la misma boca de gol. Celebró el tanto con alegría y hasta con pasión, y es que sabía que con ese gol tendría que dar menos explicaciones que sin el. Hasta entonces había llegado, había jugado, había rematado... pero no había acertado. Ahora ya sí, y con ese tanto se acabó la angustia.

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