A mis distinguidas minorías

Noticias relacionadas
Cuando el año pasado me propusieron cubrir el Mundialito, lo primero que hice fue cometer un error: repasar uno por uno los nombres de todos los participantes. Indudablemente, no encontré zidanes ni ronaldinhos. Me dije: aquí tiene que haber algo más, ingeniosamente oculto, pero de algún modo presente. Renuncié a mi ingenua búsqueda y me interesé por las personas, por sus historias, llevándome una de las mayores lecciones de mi vida profesional: se puede hacer periodismo sin entrevistar a Raúl o a Torres y, además, disfrutar con ello.
Durante mes y medio conviví con ellos y nunca recibí un no ni un reproche. Ya nunca olvidaré como Mirsha y sus rumanos me abrieron sus casas, la invitación de Pelucho a un asado con los uruguayos, el tam-tam que los nigerianos le regalaron a mi fotógrafa o el placer del té con hierbabuena que me tomé con Taib y los marroquíes, que me invitaron a pasar una semana con todos los gastos pagados a Marruecos (¡y no pude ir!). Eso es solidaridad, la que tuvieron los inmigrantes conmigo. Fue la segunda lección que aprendí, esta vez mucho más importante: humana. No importan los nombres sino las personas. Por eso estaré en la inauguración. No pienso perderme la ocasión de saludar a tan distinguidas minorías.



