El hijo del minero es ahora una estrella
Villa es el paradigma del último Zaragoza: joven, lleno de fútbol, atrevido e irregular. El Guaje es calidad y, sobre todo, gol.

A los cuatro años, David Villa se rompió el fémur en su colegio y varios médicos dieron por hecho que de ahí en adelante sería un niño rengo que habría de perseguir a los mayores, con los que siempre jugaba, sin posibilidad de alcanzarlos. El niño Villa, nacido en Tuilla, Langreo, era el hijo de un minero asturiano, quizás enclenque, soñador y temeroso, igual que el niño Roddy McDowall de Qué verde era mi valle. Como Huw, el chico de la película de Ford, David pasó una larga e incierta convalecencia de infante en un pueblecito de montañas abiertas, que los hombres hurgaban para arrancarles carbón. Finalmente, un doctor dio con la terapia adecuada para que David volviera a andar: lo tuvieron dos meses colgado de las piernas "como a un conejo", para que soldara el hueso. Su carrera posterior como fulgurante jugador de velocidad, constancia y gol, y esta nueva llegada a la Selección absoluta suponen, como suele ocurrir, una culminación íntima
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Las líneas de fuerza de esta historia se parecen a las de la película sin demasiado esfuerzo, sin necesidad de exageración o de convocar una metáfora imposible: la modestia del hogar, la admiración de un joven hacia sus mayores por razón telúrica, el anhelo de un futuro distinto que redima a esta generación mientras dignifica a las precedentes... Todo eso aparece en la vida de David Villa. Guaje se les dice a los niños en bable y también a los ayudantes más jóvenes del minero. David Villa recuerda que la mina le encendía en el cuerpo una confusa cobardía orgullosa, una ingenua valentía, y de ese temor nace seguramente el reconocimiento a la figura de su padre, minero prejubilado que revisa a diario el sueño del hijo futbolista: "Tiene más mérito ser minero que ser futbolista", ha dicho alguna vez Villa jr. Cuando lo llamó Luis Aragonés por primera vez para la Selección, el Guaje se acordó de su padre, que lo acompaña en tantos entrenamientos: "Él ha hecho todo lo posible para que yo llegue aquí".
Éste es el segundo Villa que el Real Zaragoza pone en la Selección: Juan Manuel en los años 60 y David ahora. El paralelismo es sólo nominativo, pero resulta interesante. Desde que Villa llegó al equipo aragonés su progreso se sostiene en una producción de goles. Villa es repentino y a veces desordenado como una peonza. Otras, individualista sin quererlo. Pero el gol está latente en él.




