Otro año, otro timo
Vivar y Gica dejan sin Intertoto al infame Atlético.

Se leía en una pancarta de la grada: 'Otro año, otro timo'. Hay pocas maneras de expresar mejor el sentir de una afición hastiada, con razón, de proyectos fracasados y equipos mediocres. Ninguno tanto como el infame Atlético de este año, que ayer cerró la temporada con un último fracaso, regalando la Intertoto al ser incapaz de ganar al Getafe cuando todo se le había puesto a favor. Pincharon Athletic y Depor, y la victoria les servía, pero con esta banda dan igual las circunstancias: se eliminan solos.
En realidad, uno tiene serias dudas de que los jugadores rojiblancos quisieran jugar la Intertoto. Un torneo menor, sí, pero si entras en la UEFA nadie recuerda cómo lo lograste, pregúntenle al Villarreal. Del concepto de profesionalidad, mejor ni hablamos. El único que parecía despistado era Richard Núñez, al que nadie había avisado de que las vacaciones se acortaban si se ganaba.
El uruguayo hubiera sido el héroe ideal para una competición tan sui generis como la Intertoto. Ambos resultan tan cómicamente entrañables que dan más lugar a la ironía que a la crítica feroz. Núñez no será gran cosa, tal vez no sea ni futbolista de verdad, pero ayer marcó dos goles y quiso ganar. El peligro es que, tal y como funciona este club, ahora alguna lumbrera se plantee quedarse al jovial Richard un añito más. Ojito.
Ahora hablemos del Getafe, que es quien se lo mereció. Vivar Dorado (31 años) y Gica Craioveanu (37), dos hombres de vuelta de todo, demostraron que aún tienen más fútbol en sus botas que cualquier rojiblanco no llamado Fernando. Ésa es la dramática realidad del Atlético. Y cuidado ahora con que el desesperado Torres no emigre más cerca del mar. Le han dado todos los motivos del mundo. Sólo la afición puede convencerle de conceder una última oportunidad al club que le falla constantemente.
Por momentos, el Getafe parecía el Barcelona. Presionando cuando no tenía el balón y jugando con velocidad y precisión cuando lo recuperaba. Pocas veces es más evidente la mano de un buen entrenador que en este equipo de Quique, que mereció llevarse el partido y el honor de ser el segundo equipo de Madrid. No lo será en la clasificación, pero lo será en el recuerdo de esta Liga que acabó ayer. Si el técnico no sigue, su sucesor tendrá una misión complicada para mantener el nivel la próxima temporada.
No le sucederá lo mismo al que sustituya a Ferrando, cuya despedida fue digna del trabajo desarrollado y ha dejado el listón tan bajo que lo saltaría un caracol. Pero no deben irse con menos deméritos los jugadores, que permitieron a Vivar recorrer varios kilómetros con el balón en los pies en el 1-2 y ni sacaron con prisa el balón de la red tras el 2-2 buscando el milagro. Ni siquiera intentaron darle un poco de brillo al adiós de Aguilera, el único de los que se marchan que quedará en el recuerdo por algo positivo.
¿Y ahora, qué? Pues unas larguísimas vacaciones para meditar, lo cual en el Atlético no está claro que sea bueno. Cuando ese club piensa, algo se rompe. El Getafe se ha ganado el derecho a disfrutar de su enorme éxito. Este año ha sido mejor equipo que el Atlético. Tan espeluznante como cierto.
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