Drulic

"Estos años han sido los peores de mi vida"

Drulic llegó en 2001, con unas expectativas que sus lesiones truncaron de modo dramático. Ahora que agota sus días en el Zaragoza, tiene un anhelo: reencontrar al que fue un día.A Goran Drulic lo precedía su fama de goleador en el Estrella Roja y un precio de 2.150 millones de pesetas entonces. Era el fichaje más caro de la historia del club. Pronto se vio que, en La Romareda, el yugoslavo estaba condenado a la frustración y el olvido.

Drulic
Mario Ornat
Redacción de AS
Actualizado a

Sus últimos días en Zaragoza. ¿Qué siente?

Han pasado cuatro años ya, y parece que no haya transcurrido el tiempo... Esto siempre lo decimos, pero la realidad es que estos años no han pasado tan rápidos como me parece ahora.

Se ha lesionado, ha jugado poco, ha estado solo...

Me ha pasado de todo y casi nada bueno. Deportivamente, nada bueno. Han sido los peores cuatro años de mi vida. Lo he pasado muy mal. Sé que en el fútbol se olvida todo, pero yo no soy una máquina.

Los títulos que ha ganado, ¿significan algo para usted?

Claro, ¡soy parte de eso! Si me sentía culpable el año del descenso, y no jugué nada, ¿cómo no voy a sentir que parte de esos títulos son míos?

Y ahora que va a dejar el Zaragoza, ¿le pesa más la parte mala de estos años o mira al futuro con optimismo?

Lo primero que tengo es miedo, es mi primera sensación. Estos días pienso en cuando llegué a Zaragoza, en que me lesioné nada más llegar... y eso me hace temer este nuevo cambio, es como si sintiera que puede ocurrir otra vez. Procuro tomármelo con calma. Espero que no ocurra nada de lo que ya pasó.

¿Estos años le han quitado confianza en usted mismo?

Pues sí, este tiempo me ha arrebatado muchas cosas. Siempre que has tenido lesiones graves, temes volver a tenerlas. Pero son cosas de mi trabajo. A veces me siento débil, veo que no llego a dar lo que yo querría dar. No puedo jugar al fútbol como a mí me gustaría. La verdad es que necesito volver a jugar partidos, sobre todo eso.

En Zaragoza Drulic ha pasado casi cuatro años en blanco.

Sin el casi. (PIensa). Bueno... tres y medio por lo menos.

¿Es el mismo de antes?

Las lesiones me han quitado muchísimo. A veces cojo el balón y siento miedo de ir contra el defensa... (Se queda en silencio unos segundos). Espero que todo eso vuelva, con buen trabajo y con partidos.

¿Y la ilusión por el fútbol, la mantiene?

Por supuesto. Me sigue encantando mi trabajo y lo hago con la mayor profesionalidad posible. Ganas tengo siempre, aunque a veces es verdad que he bajado los brazos. Pero soy luchador y voy a luchar hasta que pueda con mi rodilla y con mi cuerpo. Aún me queda mucho... y peor de lo que me ha ido ya no me puede ir. Si miro hacia atrás, cambiaría todo lo que ha ocurrido estos años. Pero no puede ser, no se puede hacer.

Ser otra vez el de Belgrado.

Uf (mira al suelo). Ojalá, ojalá. Eso me encantaría.

¿Qué impresión cree que deja en la afición del Zaragoza?

¡Que no me han visto! Me han visto tres, cuatro partidos... Entiendo a la gente, sé que tenían muchas ganas de verme jugar; y siempre se comportaron muy bien conmigo, siempre me han apoyado, siempre me han esperado... Yo no tengo nada que reprocharles, nada. Sólo darles gracias a todos: al club, a mis compañeros, a toda la afición.

¿Deja amigos en Zaragoza?

Muchos, son cuatro años, una experiencia que va conmigo para siempre. Hay dos familias que me han cuidado como a un hijo: la de Manolo González (padre de Tino, ex jugador del Zaragoza y dueño del restaurante El Portal Asturiano) y la de Nacho, un amigo mío. Les debo mucho.

Usted pasó toda la etapa de sus lesiones solo en Zaragoza.

Sí, casi dos años. Y fue mejor que ocurriera así, porque viví momentos de muchos nervios. Y si mi mujer, entonces mi novia, llega a estar aquí, creo que todo hubiese ido peor entre nosotros.

¿Se sintió solo?

A veces, pero siempre hay buena gente a la que ver. Expulsaba lo negativo en la recuperación o jugando a la Play Station. Era mejor eso que pelear.

El jugador más caro de la historia del club. ¿No temió que fuera una trampa?

La verdad es que sí. Yo jugaba siempre con presión en Yugoslavia, pero esto era otra cosa. Cuando me lesioné temí lo peor. Me siento mal porque pagaron mucho dinero y yo no he hecho nada aquí. No es mi culpa, pero así lo siento.

Al inicio de esta temporada fue cuando más ha jugado.

Jugué hasta que volvió Óscar. Entonces desaparecí.

Víctor le ponía pese a las críticas negativas en su contra.

Ya, pero... hay una cosa: yo soy delantero, no media punta. Y cuando un equipo te ficha como delantero, no puedes ponerte guantes e ir a la portería. No me quejo, pero digo eso: soy delantero y sólo he jugado ahí cuatro o cinco partidos. Y en casi todos marqué. Son detalles.

¿Es más duro no jugar por estar lesionado o no vestirse?

Eso duele mucho, pero yo nunca he protestado, soy así, no digo nada. Pero lo piensas en casa y entonces... uf.

Ese silencio, sin embargo, se interpretaba así: "Drulic pasa de todo: a cobrar y a vivir".

Pero, ¿sabes qué pasa? Yo soy muy callado porque exploto mucho, y de niño tuve muchos problemas. Si exploto, voy muy lejos. En Yugoslavia las cosas acaban peor, aquí no he querido nunca que ocurriera algo así.

Sabe que se dice que ha tenido problemas en el vestuario.

No es cierto. Ni con compañeros ni con el entrenador. Víctor tiene su visión y hablamos, nada más. Cada uno hace su trabajo. Nadie me puede decir que no hago lo que debo hacer.

Y se ha hablado mucho de que usted no se cuidaba...

Me he comportado como un chico normal, en el campo y en mi vida privada, aunque esto no importa mucho. No soy un ángel, no digo que no salga nunca, pero sé cuándo debo hacerlo y cuándo no.

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¿Se ha sentido maltratado?

Nunca. Ni por la gente ni por la prensa ni por nadie. Por eso doy las gracias a todos: a mis compañeros, por portarse conmigo como lo hicieron desde el primero momento, al club y a la afición. Éste es un gran club, un club de gran nivel. Ojalá pudiera quedarme en Zaragoza, ojalá... Pero la vida no se detiene.

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