Primera | Real Madrid 0 - Atlético 0

Ni la honrilla significó un estímulo suficiente

Se habló esta semana de salvar el honor en este partido, pero el derby que se vivió no estuvo a la altura. Ronaldo no logró su objetivo. Y Torres fue el único que lo intentó.

<b>DERBY SOSO. </b>Gravesen y Colsa, lucha en el centro del campo.
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La ceremonia de confusión que rodea a ese alma en pena con la camiseta rojiblanca que es el Atlético, tenía una cita en rojo en el calendario. Una incomodidad para el alboroto de su patio. Hubieran querido pasar de puntillas, pero el deber es lo primero. Lo que no sabían es que, para los madridistas, hacer más sangre del eterno rival no era prioritario. Un partido sin la honrilla, que titulaba Alfredo Relaño en su editorial como argumento cálido para ambientar los prolegómenos. Estos son tiempos difíciles para los eternos románticos. Aquellos duelos de interminable tertulia semanal tienen color sepia. Pocos protagonistas directos de este derby han vivido estos trances desde chavales, y es un antídoto a la rivalidad. Así de simple. Ni obturado Ronaldo en busca de hacer buena una promesa goleadora que incumplió en la temporada pasada, como parece va a pinchar en ésta, alteró la cuestión. El delantero tenía el pecado en la penitencia de su mala primera rueda del campeonato. El Madrid ya pagó esa cuenta colectiva para dejar unos dígitos de campeón en la segunda vuelta, en un equipo subcampeón. Todo entra en el mismo saco. Esa es la justicia de la regularidad.

Capítulo de esfuerzo personal para Beckham. Aquel elegante centrador que levantaba tantas pasiones con sus pases desde la banda es en la actualidad un atleta de fondo sin freno ni pausa en su carrera. Correr por correr y hacerlo en solitario en un equipo es lo mismo que estar estático. Ya sólo se dedica a prestigiar su condición maratoniana: su cuentakilómetros aumenta, su productividad es discutible. Raúl se dedica a cumplir con su transformación. No sabemos si para bien: se pasa el partido cerca del círculo central distribuyendo el juego. Torres volvió a no ver la diana; quería finalizar como conducía la jugada: de lujo. Confundió los tiempos y los trámites. Aún así, es el único que lo intenta. Y una reflexión: a los jugadores buenos se les ve su categoría cuando no tienen nadie alrededor por cómo solventan la situación. O que en este tipo de partidos sin presión, algunos jugadores no son capaces de dejar el testimonio de sus cualidades. Son lo que son sin excusas.

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