Casi mil atléticos irán al Bernabéu pese a la crisis
Las entradas ya se están vendiendo a buen ritmo en el Calderón.


A pesar de la crisis de juego y resultados del Atlético, 950 aficionados rojiblancos estarán el sábado en el estadio Santiago Bernabéu para insuflar coraje a los suyos ante el Real Madrid. Ése es el número de entradas que el club atlético ha pedido al madridista y sus precios son de 35, 45 y 90 euros. Alrededor de 200 ya se habían vendido ayer en las oficinas del Vicente Calder lo que quiere decir que, para el sábado, se habrán dispensado todas.
Este será un derby atípico. En cuanto a puntos no tiene trascendencia para ninguno de los dos, pero en juego siempre estará el orgullo de doblegar al eterno rival. La afición rojiblanca lo sabe y a pesar del cabreo, de la eliminación copera, las pancartas y pañuelos, acompañará a los de Ferrando en el derby con la ambición de que una victoria en la casa del Real Madrid palie, al menos parcialmente, los sinsabores de otra temporada sin Europa ni títulos.
Su apoyo en momentos difíciles para el club, muchos, por desgracia, han convertido a la hinchada rojiblanca en una de las más significativas dentro del fútbol: colorida, sufridora y paciente, quizá sea la imagen de ese déjà vu que, según Fernando Torres, no pueden igualar ni los títulos ni otro club.
La plantilla, a pesar de que suma ocho partidos sin ganar (seis en Liga y dos en Copa), se ha conjurado para brindarle a la afición la alegría que le deben este sábado, ante el Real Madrid, en el Bernabéu. Lo dijo César Ferrando el pasado domingo tras el partido del Betis: "Iremos al Bernabéu con la ilusión de dar, por fin, una alegría a la afición". Y después lo repitió Richard Núñez: "La afición nos ha apoyado todo el año y aún no les hemos devuelto ese favor".
Apoyo incondicional.
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Después de la vuelta de la semifinal de la Copa y la derrota del domingo ante los de Serra Ferrer, con la consiguiente arenga del aficionado esgrimiendo pancartas y sacando pañuelos hacia el palco y el banquillo, desde el club se temía que el aficionado no acompañara al equipo en el lance ante los de Vanderlei Luxemburgo como castigo, pero, una vez más, la afición rojiblanca ha demostrado ser un bastón que ni se dobla ni astilla en los malos momentos. Amparo absoluto. Eso es lo que los aficionados siempre han mostrado a sus colores, y eso que los pesares han sido muchos: bajada a los infiernos, intervenciones judiciales, frustradas ambiciones europeas y títulos que cada año se retrasan al siguiente. Este año, después del 4-0 al Mallorca en el Calderón, el equipo se desplomó y, aún así, la afición no explotó hasta el jueves pasado, con la eliminación de Copa ante Osasuna. Es decir, seis derrotas después de la última victoria.
El sábado esta afición cambiará las pancartas en contra por las banderas rojiblancas a favor, con la esperanza de que una victoria en el derby cure las heridas de otra temporada insípida. Serán unos mil y se harán oír en el Bernabéu, ante el Real Madrid, el sábado.



