Oliveira remata al Atlético
El Betis roza la Champions. Bronca en el Calderón

Uno ve jugar a Oliveira y se pregunta en qué piensan la mayoría de los clubes de fútbol, cómo es posible que un delantero así estuviera casi desahuciado cuando le fichó el Betis. Le ves arrancar, la zancada, cada control de balón y es evidente que se trata de un futbolista fabuloso. Luego metió dos goles, el Calderón comparó con lo que tenía en casa y, claro, se montó el lío. Porque al Betis le bastaron el brasileño y Doblas para rematar al Atlético, que pagaría para que le permitieran no jugar las dos próximas jornadas.
Su afición, también. Se esperaba día de castigo tras el fiasco ante Osasuna y así fue. La grada presentaba un aspecto desconocido, con sólo un tercio de entrada, y los que fueron básicamente lo hicieron para mostrar su justa indignación. De inicio, pitada para los jugadores y pancartas contra los rectores. Según la derrota tomaba cuerpo, aquello fue un supermercado de insultos y gritos para todos, con intento de asalto al palco incluido. A favor de Cerezo, adelantó su regreso de Cannes para dar la cara. Dejar mil chicas guapas de fiesta por 18.000 hinchas enfadados tiene mucho mérito.
El que parece haber perdido el norte es Ferrando. Cuando debía haber sacado a los mismos once que fracasaron en la Copa, tiró a los leones al chaval Braulio, del que incomprensiblemente lleva meses prescindiendo. Luego, con 1-2, metió para remontar a ¡García Calvo y Sosa! Tiene pinta de ser un mensaje, ahora bien, o es un jeroglífico incomprensible o es muy obvio: échenme.
Al menos, el Atlético salió con ganas de darle una pequeña alegría a la afición. En su arreón inicial tuvo dos ocasiones clarísimas, pero Torres y Velasco se toparon con un Doblas espléndido, que prolongó su milagro copero. Un portero con una pinta extraña y poco ortodoxo, pero que está cuajando una temporada sensacional. Ayer le ayudó la incapacidad goleadora rojiblanca que, en los ocho encuentros que lleva sin ganar, sólo ha marcado dos tantos. Y el de ayer fue en propia puerta.
Al Betis le ocurre lo contrario. Cada vez que llega al campo rival huele a gol. Así, tras las dos oportunidades del Atlético, marcó Oliveira. En su siguiente acercamiento, Velasco sacó sobre la línea un remate de Assunçao y, en el tercero, penalti extraño y 0-2. Con tres intentos, había dejado tiritando al rival, que no sabía por dónde le golpeaban, pese a que Joaquín estaba gris y Denilson, transparente.
El peor parado de esta caída sin fin del Atlético es Torres, que parece necesitar terapia urgentemente. Lo intenta hacer todo solo (no le culpo) y ya no le sale nada. Lo único que le ata ya al equipo es su (enorme) sentimiento atlético y ése es un amarre muy ligero si la falta de ayuda sigue frenando su carrera.
En la segunda parte no cambió nada excepto que Joaquín perdonó la puntilla y Melli, vista la incapacidad rival, se metió un gol. Al consiguiente miniasedio rojiblanco, dirigido por un Richard Núñez que ayer sí demostró que es futbolista, respondió una vez más Doblas. El portero se ha ganado esta semana el amor eterno de media Sevilla, metiendo al Betis en la final de Copa y cerca de la Champions (buen calendario) en una temporada que puede ser histórica. Como la del Atlético, que puede lograr hasta espantar a una afición que lo ha soportado todo. Requiere un lavado de cara tremendo en todas sus áreas para resurgir y las palabras ya no bastan.
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El detalle: un penalti extraño dio el 0-2
En el penalti, Braulio se tapa la cara de un modo poco habitual, con los brazos extendidos, y el balón le golpea en ellos. Mejuto pitó pese a la involuntariedad.




