Historia rojilla e infamia atlética
Osasuna alcanza su primera final de Copa. El Atlético jugó un partido espantoso. Pablo García fue el amo y Elía paró las dos ocasiones locales.

Lo primero, el ganador, Osasuna, que jugará ante el Betis la primera final de su historia porque fue claramente superior en la eliminatoria. Le dio un baño al Atlético en El Sadar y no pasó apuros en el Calderón. Después, el fracaso estrepitoso, el ridículo más lamentable: el Atlético de Ferrando. Un equipo mal pensado y mal dirigido, cuyos futbolistas (siendo generoso en muchos casos) fueron incapaces de aprovechar la última oportunidad que les ofrecía el juego de que no se les cayera la cara de vergüenza.
El Atlético se jugaba ayer su futuro y lo único que logró es que la afición, esa a la que tanto apela y que tanto soporta, intentara tomar el palco, los vestuarios y hasta la Bastilla, si era menester. En realidad, lo que debería tomarse son un Válium y unas vacaciones, porque el espectáculo de ayer no hay quien lo aguante.
El partido nació marcado. Los dos técnicos buscaron la sorpresa, aunque de diferente magnitud. Aguirre sacó a Valdo, pese a que había dicho que el titular sería Moha. Nada muy grave. Sin embargo, lo de Ferrando fue surrealista y decidió salir con tres centrales. Debe ser la primera vez en la historia en que un equipo que juega en casa intenta remontar un partido con cinco defensas y al contraataque. Bueno, y con Richard Núñez, pero esa es otra historia de la que ya hablaremos luego.
Un planteamiento de equipo pequeño, absolutamente entregado a una posible genialidad de Torres en un pelotazo que nunca llegó. Ferrando ha demostrado no estar preparado para dirigir a un equipo con historia y exigencias de grande, aunque con una plantilla mediocre. Eso sí, había equipo para algo más. Por lo menos para no ser el que peor fútbol practica de Primera.
Osasuna lo tuvo siempre mucho más claro. Salió a presionar muy arriba, plenamente consciente de la incapacidad crónica de su rival para tocar la pelota con un mínimo sentido. Así, provocó que el Atlético diera un recital de balones perdidos en su propio campo, que, eso sí, los de Aguirre nunca supieron aprovechar para marcar un gol y cerrar la eliminatoria.
Esa era la primera parte del plan rojillo, la segunda tampoco era muy sofisticada: si por algún casual, el Atlético se plantaba con el balón controlado a 40 metros de la portería de Elía, patada. Así, el partido fue en la primera parte la guerra que todos los protagonistas llevaban una semana buscando. En esos 45 minutos, Medina Cantalejo, que logró salir casi sin rasguños del temporal, tuvo que señalar 35 faltas y sacar siete amarillas.
En este cuerpo a cuerpo, Pablo García se hizo dueño y señor del partido, Si había que jugar, jugaba. Si había que hablar, hablaba. Si había que pegar, pegaba dos veces, por si acaso. Siempre controló el ritmo del partido, dando la sensación de ser más futbolista que cualquiera de los rojiblancos que correteaban a su alrededor. Si se quitaban las trifulcas y los golpes, en el Atlético sólo quedaba la nada. A base de percutir, logró algún córner y la grada jaleó, para intentar convencerse de que tenía sentido estar allí. Fueron fuegos de artificio. En toda la primera parte, sólo creó una ocasión clara, pero...
Pero la pelota le cayó a Núñez. Estoy convencido de que si a nuestro entrañable Richard le dicen hace seis meses que iba a jugar una semifinal de Copa en España, le entra tal ataque de risa que tienen que ingresarle en una tranquila clínica suiza, aquel país del que no se entiende cómo salió. En el minuto 12, Cruchaga se comió un pelotazo de Pablo dejando al uruguayo sólo ante Elía. Y allí llegó nuestro héroe, tan sutil él que, en vez de rematar, rozó la pelota, dejando reaccionar al portero y alucinar al personal. De ahí, hasta el descanso, un día en la playa para Osasuna.
En el intermedio sucedieron tres cosas relevantes. Primero, llegó Maradona al palco del Calderón para ver 45 minutos de este infame Atleti-Osasuna. Esto debe estar contraindicado en su tratamiento. Luego, alguien puso bromuro en la bebida de los jugadores, que en la segunda parte salieron mansos, algo que agradecieron sus piernas, pero que dejó el partido vacío, porque sin lucha libre le tocaba al fútbol y... Por último, Ferrando quito a Richard y sacó a Salva. El resultado fue el mismo, pero con menos risas. Un desastre, que explica cómo el Atlético ha metido un gol en los últimos siete partidos. Escalofriante.
Fueron 45 minutos absurdos, en los que todo el mundo sabía lo que iba a suceder: nada. El Atlético demostraba que esa lista de 16 transferibles que tanto ha molestado, puede que se quede corta. Tiene varios ex futbolistas (Velasco, Aguilera, Ibagaza o Luccin) y otros tantos sobre los que existen fundadas dudas de que alguna vez lo hayan sido. Meter a Torres ahí es como llevar a tu hijo a una guardería con un brote de sarampión, se acaba contagiando seguro.
Ayer estuvo desquiciado, aunque fue el único que dio la cara al final del partido. Parece un alma en pena, el club no está cumpliendo su promesa de crear un equipo a su altura y su progresión parece en peligro si sigue en el Manzanares. Si los dirigentes son capaces de perderle, y van en camino, habrán demostrado un grado de incompetencia insuperable.
La última baza.
A base de colgar balones, el Atlético se encontró con otra ocasión. Colsa peinó un centro desde la derecha, pero Elía volvió a responder con sobresaliente, lanzándose abajo y desviando con una mano. Ahí murió un equipo que en realidad llevaba mucho tiempo muerto. Ni siquiera hubo épica, un arranque de orgullo, un acto de rebeldía de alguno de los jugadores rojiblancos contra el fracaso predestinado. Según pasaban los minutos, Osasuna cada vez llegaba con más peligro, aunque parecía no querer hurgar en la herida del rival. Sabía que estaba en la final desde muchos minutos antes.
Así fue disfrutando su momento de gloria mientras el Calderón se inflamaba. La temporada está perdida para el Atlético, un año más fuera de Europa, con sus dirigentes sin crédito, sin entrenador y con una plantilla en oferta. La afición ha perdido la paciencia que mantuvo hasta en Segunda y el domingo ante el Betis serán 90 minutos de juicio sumarísimo. Este Atlético no tiene ni idea de a dónde va. Sí lo sabe Osasuna: a la final de Copa. Y con todos los merecimientos.
Noticias relacionadas
El Vicente Calderón será la sede de la final, que se disputará el 11 de junio
Con la eliminación del Atlético, el estadio Vicente Calderón será la sede de la final, que se disputará el próximo 11 de junio. Madrid se encuentra a mitad de distancia entre Sevilla y Pamplona, el recinto rojiblanco tiene todas las características necesarias para albergar el evento y, además, el Atlético arrastra la promesa de la FEF de acoger una final desde el año del Centenario. Aunque la decisión definitiva se tomará en una reunión que se celebrará hoy entre el Betis y Osasuna en Las Rozas, el consejero verdiblanco, Juan Luis Aguado, ya adelantó ayer que la final se jugará con total seguridad en el Calderón.




