Primera | Real Madrid

Maradona almorzó con Sacchi y cenó con Ronie

La dimensión de la figura Maradona resistirá a la historia. De eso no cabe duda. Ayer el Pelusa se adueñó de Madrid con su sola presencia. A pesar del paso del tiempo su mirada sigue poniendo los pelos de punta. Siempre será El Diego.

<b>SOBRAN LAS PALABRAS. </b>Esta fue la salida de Maradona del restaurante donde almorzó con Sacchi
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Ayer los destinos del Real Madrid y de Diego Armando Maradona se cruzaron por unas horas. El Pelusa, que llegó a Madrid el pasado lunes, decidió saltarse el entrenamiento madridista de ayer (aunque en Las Rozas se le esperaba) y centrarse en los ágapes que iba a compartir con diferentes personalidades del club blanco.

Todo comenzó con el almuerzo que tenía cerrado Diego con Arrigo Sacchi en el restaurante De María. Allí le esperaban sus amigos Juan (el otro Redondo), Daniel... Y más de una treintena de aficionados que desde una hora antes de la cita fijada hacían guardia a las puertas del citado restaurante.

A las 14:45 de la tarde hacía acto de presencia Arrigo Sacchi. El italiano no ocultó su ilusión por reencontrarse con un amigo: "Maradona es un buen amigo. Si jugara al fútbol en estos momentos sería galáctico. Tenemos muchos recuerdos y una gran amistad. ¿Puede jugar Maradona? Sería un buen fichaje para el Madrid".

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Diez minutos más tarde llegó Diego. En ese momento la calle Felix Boix se convirtió en una locura: gritos, nervios, flashes continuamente disparando a un Diego que se le notaba agobiado y con ganas de sentarse a la mesa para evadirse de una expectación desmedida.

Al almuerzo asistieron Maradona, Sacchi, Ernesto Bronchetti (representante), Alejandro Mancuso (ex jugador de Boca) y Claudio Luna (amigo de Diego). Se prolongó por intervalo de dos horas en las que Diego no paró de contar anécdotas. Incluso dio tiempo a que Quique Wolff (exjugador del Real Madrid) se acercara a tomar un café con el Pelusa. El almuerzo finalizó a las 17:00, hora en la que Sacchi abandonó el restaurante. Veinte minutos después, la figura de Maradona abandonaba De María. Más de un centenar de aficionados esperaban un autógrafo, una foto o un recuerdo, pero lo único que pudieron sacar fue una sonrisa del Diego y el sonido de unos gritos de un aficionado del Nápoles que le despidió así: "¡Diego sois Dios, sois Dios, Nápoles, Nápoles!".

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