Liga de Campeones | Chelsea 0 - Liverpool 0

El juicio final será en Anfield

Benítez tiene Estambul a tiro. La táctica ahogó el fútbol y no se vio a Lampard, Drogba, Gerrard o Xabi.

<b>INUSUAL FALLO. </b>Lampard tuvo la ocasión más clara del partido en la primera parte, pero tras acomodar bien el  cuerpo su disparo salió alto.
Javier Hernández
Redactor en el Diario AS desde 1992. Presentador, narrador y comentarista de Turf en TVE durante 16 años (2005-2021). Autor del libro 'Atleti somos nosotros'.
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Al igual que en Turín, la arquitectura defensiva del Liverpool le volvió a dar resultado a Benítez y su Liverpool salió vivo de Stamford Bridge, donde el Chelsea fue mejor pero sin abusar. Pero con este 0-0 Benítez no sabe si se lleva a casa un buen resultado o un problema, porque no es fácil que el Chelsea, con su inmenso potencial, se quede dos partidos sin marcar un gol. A Mourinho desde luego no le asusta, que ya el año pasado fue con un 0-0 a Riazor y ganó 0-1.

Habrá que esperar a Anfield, pero ayer los técnicos dieron un aviso de que esta eliminatoria será más ajedrez que fútbol. Mourinho será arisco, áspero y todo lo melocotón que se quiera, pero no sufre un grado de idiotez y sabía que Traore es lo más similar que existe a Bogarde. Así que a los ocho minutos salió del banquillo pegando voces a Lampard y Makelele para que estos mandasen balones a Cole. Como se preveía, Cole fue el primero en romper las líneas defensivas del Liverpool, por la zona de Traore claro, y a los diez minutos apareció el primer disparo a puerta.

Lo que hace único al fútbol inglés es que sus equipos son tremendamente orgullosos y de inmediato responden a cualquier afrenta. Golpean tantas veces como son golpeados, y así, a esa ocasión de Cole le siguieron 15 minutos de combate en los que se dieron todos estos golpes: Un remate cruzado de Drogba; una ocasión fabulosa de Riise solo ante Cech, pero que al ser zurdo cerrado y disparar con la derecha entregó el balón a las manos del portero; un remate clarísimo de Lampard en el área peque un cabezazo de Baros con meritoria parada de Cech a mano cambiada y un remate de cabeza de Drogba al saque de un córner. Siempre nos quedará Inglaterra.

Esa es la pureza del fútbol inglés, por más que Benítez y Mourinho dibujaran sus temores alineando de salida a un solo delantero. Pero hay cosas que no se pueden tapar, como el ímpetu británico, ni disimular, como las limitaciones de Traore. En el minuto 34, y tras tomarse su tiempo acomodándose el balón a la supuestamente su pierna buena, la izquierda, Traore disparó a puerta desde el vértice derecho del área y el balón salió de banda por el banderín izquierdo. Ni aposta.

Pero si listo es Mourinho no menos Benítez. El técnico español sacó tres medios centro (Xabi, Gerrad y Biscan), dos para estar encima de Lampard, el 10 aunque juegue con el 8 y el campamento base de todas las operaciones del Chelsea, y no le importó dejar a Makelele a su aire. No es la mayor virtud de Makelele la de organizar el juego, y Benítez sabía que entre los pases del francés y los de Lampard existe la misma diferencia que entre el jamón serrano cortado a máquina y el ibérico a mano. Incontables los balones que perdió Makelele.

Toda la dinamita.

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El partido era interesante pero le faltaban goles, y para mayor aliciente Mourinho sacó a Robben y Benítez a Cissé, que en el primer balón que tocó ya hizo tanto como Baros en una hora: disparar con peligro una vez a puerta. Por si faltaba dinamita apareció en escena Kezman, el cañonero serbio. Tanto delantero, tanta demostración de poderío del Chelsea asustó al Liverpool, que sufrió un último cuarto de hora atrincherado en su área.

Como esas partidas de ajedrez entre maestros que terminan en tablas, el partido acabó sin goles. Ganó la táctica, para satisfacción de Mourinho y Benítez, pero perdió el espectáculo: nadie disfrutó de Lampard y Drogba, de Gerrard y Xabi. Se les espera en Anfield.

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