Galletti rinde al Numancia y a toda La Romareda
Villa dio la extremaunción a los sorianos con dos goles

Villa metió el balón en la portería del Numancia y luego bajo su camiseta, para traer al festejo el embarazo incipiente de su esposa. Hizo dos y abrió el camino para cuatro. En el primero señaló a la mamá y en el segundo levantó a Cani como a un cordero, porque el Niño había hecho el empate del Numancia en la portería de Luis, emborronando con esa desgracia un partido estupendo de deseo y fútbol. Esos goles de Villa señalaban, pues, una vida que viene y a un equipo que se va, el Numancia, que se fue de Zaragoza con la extremaunción, camino de Segunda. Así es la selva. Viven los leones y mueren las gacelas Thompson que se despistan. Se despistó un rato el Numancia y le cayeron cuatro.
Pero la tribuna posee una antena finísima, a veces histérica o apasionada. Y mientras el Guaje reclamaba los focos con esos dos tantos, en la grada se levantó un coro unánime como la tarde, un grito en compás que proclamaba a Galletti como héroe y artífice. Lo era. Al hombre tocado por la gracia le bastan espacios mínimos para su magisterio: 45 minutos (porque Vïctor lo hizo suplente inesperado) le sobraron a Galletti. El Hueso rindió al Numancia y a toda La Romareda. Abrió al rival en canal y dio dos goles.
El partido fue de esos partidos volubles y extrañamente vivos, que o bien revientan como éste o quedan bufos, y la gente grita al equipo de casa por no acabar el trabajo. Eso ocurrió en la primera parte, que anunció un gol del Zaragoza sin que el Zaragoza propusiera el suficiente peligro para lograrlo. Algo de aplastamiento sí hubo sobre un Numancia acomodado en la defensa de sus aposentos, ignorante del drama que todos le suponemos. Se juega la vida pero parece no afectarle, desde luego no tanto como darse a escenitas truculentas. Sujetó al Zaragoza, que se deshizo en tiros y aproximaciones sin gran mérito, y avisó en un remate de Toché y en otro fuera de Merino.
Cuando Máximo quitó a éste, infatigable, el Numancia se desordenó fatalmente. Ya había sufrido el 1-0 de Villa, inventado con un pase ágil y preciso por Galletti, y los cambios le restaron precisamente lo que querían darle. Tevenet sumó nada a la nada que ya era Toché. Tanto que el empate se lo hizo Cani, desgraciado, al intentar despejar. Víctor había sumado cinco virtuosos (Cani, Galletti, Óscar, Savio y Villa) y el Zaragoza se repuso con breves ejercicios de combinatoria hasta la goleada final.
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El detalle: hermandad de las aficiones
Las dos hinchadas llegaron juntas al campo, como es tradición, y al Numancia se le aplaudió al final. Unos 2.000 aficionados sorianos se dieron cita en una Romareda con gran aspecto.




