Benítez ajusticia a la Juve
El Liverpool pasa a semifinales 20 años después. Xabi Alonso estuvo notable e Ibrahimovic, fallón


El Liverpool fue un equipo liberador del fútbol. "Esto es lo que sois y esto es lo que valéis", vino a decirle a la Juventus, haciendo ver que defender es un arte simple y que no siempre baja un ángel para eliminar al contrario por 1-0.
Y que conste que esta vez Capello abandonó sus convicciones y sólo alineó a tres defensas, valentía sin precedentes que seguro no volverá a experimentar tras el resultado que le dio ayer. En las alineaciones, uno no se sabe qué sorpresa era mayor, si ver a Olivera de titular en la Juve o a Núñez en el Liverpool. Lo de Olivera tenía explicación, formar junto a Emerson un eje del mal que combatiese a Xabi Alonso, pero lo de Núñez... lo de Núñez lo aprovechó muy bien Capello y le puso a bailar con Zambrotta, un muy buen 3 al que le gusta coger el carril del 10, su anterior puesto. Su primer arrancada, en el minuto 11, resultó lo más peligroso de la primera parte. Zambrotta regateó a Núñez hacia fuera, luego a Finnan hacia dentro y puso un balón en el área a Ibrahimovic que sólo requería tiento para ser gol. Toda la grada de Turín empujó ese balón dulcemente, pero no el delantero, que lo mandó alto. Ibrahimovic cada vez da más la razón a quienes le comparan a la baja con Kluivert: muy fino pero poco gol para ser un 9. Pero también era un aviso de lo que puede hacer este sueco, un virtuoso que arregló su hoja de servicios instantes después haciéndole una cola de vaca a Traore. Así son los genios, dicen.
Esas dos acciones fueron la única crónica de sucesos de la primera parte, quedando la duda de qué hubiese pasado de tener un poquito más de hambre el Liverpool, porque esa defensa experimental de tres de la Juve merecía ser tanteada en serio por alguien más que Baros.
Baros, al limbo. Inquieto por el resultado, al descanso Capello quitó a Olivera y recurrió a Zalayeta, el hombre milagro cuyo gol eliminó al Real Madrid. Quitar de en medio a Olivera fue lo mejor que le pasó a Xabi Alonso. El vasco tuvo un súbito despertar y a los cinco minutos de su liberación regaló un excelente pase en diagonal a Baros. El 9 del Liverpool, la antítesis de Ibrahimovic, recortó de maravilla a Montero, pero se trompicó él solito antes de golpear y remató fuera. No la volvió a tener más clara el Liverpool en todo el partido.
Capello entendió que ya había concedido demasiado tiempo y recurrió a la suerte italiana: balones frontales al área desde cualquier rincón para rezar por un remate. Quien lo hizo una vez fue Emerson, en el 64'. Era el primer disparo entre los tres palos no sólo de la Juve, sino del partido.
La Juventus se fue llenando de contradicciones en cada solución que intentaba Capello. Para un día que confluían sobre el césped Nedved, Del Piero, Ibrahimovic y Zalayeta, el balón no paraba nunca en el centro del campo y viajaba directamente de la defensa al área inglesa. Si hay algo que saben hacer los ingleses es predecir el juego aéreo, y recoger esos balones frontales para tipos como Carragher y Hyypia suponían la misma dificultad que para un niño llenarse los bolsillos de caramelos.
Las bandas. La inercia de jugar de área a área obligó a Xabi Alonso a incrustarse a veces entre los centrales. Su cometido, no tanto cortar, fue darle una salida limpia al balón hacia las bandas, desatascando la luna del área en la que siempre estaban esperando Nedved y Zalayeta para pescar cualquier balón despistado.
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Rascando de donde no hay, en ese fútbol a empellones que sólo depara suerte a italianos y alemanes, tipo Bayern, la Juventus encontró otra ocasión de gol. Una falta lateral lanzada con picardía por Del Piero y rematada a ciegas por Ibrahimovic al palo. Los juventinos lo reclamaron como gol (nada de nada), quizá porque sabían que ésa y solo ésa iba a ser la ocasión del partido, la eliminatoria, ese ángel que siempre se les presenta.
No dio tiempo a más, apenas para volver a ver Cissé y notarle falto. Pero tiempo tiene, el Liverpool está en semifinales de la Copa de Europa 20 años después, cuando llegó a la maldita final de Heysel 85. Por cierto, fue Juve-Liverpool sin vendetta ni nada de que avergonzarse. ¿Amigos para siempre?



