Primera | Real Madrid 4 - Barcelona 2

El Madrid ganó el clásico por la vía del amor propio

El Madrid contó con Casillas como gran pilar. Fue otro equipo en su enajenación mental a toda máquina. Cambió el plan Luxa y Rijkaard se apoyó en Xavi.

<b>SEGURIDAD. </b>Casillas fue uno de los mejores jugadores del partido.
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Un Real Madrid hambriento buscó la victoria sin desmayo; y cuando tomaba resuello, volvió a contar con un pilar en su altar: Casillas. La pieza estaba enfrente y su desazón en la necesidad por asirse al último tren de la Liga, destapó un carácter impulsivo. Era otro Madrid en su enajenación mental transitoria a toda máquina. Las formas y las poses fueron espectadoras por esta vez. La ocasión lo merecía. Cambió el plan Luxemburgo, por la vía del desorden y la vehemencia promocionó la vieja leyenda de ser un equipo individualista. Ordenó el abordaje a toda mecha. Sin centro del campo para pensar, ni para pausar, al Madrid las dudas se le convertían en mente libre. El Barça disipado; sin balón que proteger es una calamidad defensiva, batiendo un aspecto noticiable: conseguir para los madridistas una dupla cabeceadora de gol.

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Ronaldo y Zidane pasearon por el lateral de Belletti y Roberto Carlos pasó sin peaje para el tercero de Raúl. Pero en medio de todos estos aciertos anotadores, Rijkaard se apoyó en la inspiración de Xavi, que no es una inspiración menor. Curso de dirección acelerada en torno a su enjuta figura y el Barça husmeó el empate tan cerca, que hasta el Madrid lo mentaba. Sólo Casillas se empeñaba en romper la lógica de tanto remate dañino. Nunca se rindió y si el fútbol crece o se mide por la condición de los centrocampistas, en este caso el impulso venía del área de meta. Un coloso sin descanso. Entre Casillas y Víctor Valdés, fue una de las diferencias que marcó el resultado. No sólo en quién salió victorioso colectivamente; también en el aspecto individual: el madridista paró todo, el azulgrana nada. Ambos equipos insistieron en su amenaza; sólo Casillas resistió.

El clásico no tuvo calma, ni siquiera razón. El centro del campo fue tan sólo una zona de paso, no de pausa. El Madrid no se detuvo a pensar en el golpe moral, tan próximo del goalaverage; siguió con la afrenta y se olvidó de la sensatez, quizás pensando que si se detenía, las bielas no hubieran impulsado el motor del coraje al mismo ritmo. Los necesitados se quedaron el botín parcial, los aventajados no estaban motivados como para cerrar el curso. Aún con la derrota se sienten campeones de la Liga. Habrá que seguir esperando para zanjar la cuestión. Nada es imposible y más viendo que las lesiones son el mal endémico que no abandonan la casa culé, ni en tiempos de bonanza. Deseo que Etoo no sea el próximo en alimentar ese fario...

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