Europa no está tan lejos
Savio y Villa mantienen el sueño y hunden al Mallorca


Europa está otra vez un poco más cerca para el Real Zaragoza. La distancia todavía exige un esfuerzo titánico, colosal, casi un milagro, pero la victoria de oficio en Son Moix, con los golazos de Savio y Villa, renueva las ilusiones europeas en un tramo final que ya se daba como un tránsito a ninguna parte. Así que la Liga para el Zaragoza aún no ha concluido. Queda tiempo, quedan partidos para mantener la esperanza. Hay margen para soñar. Para el Mallorca, sin embargo, todo está ya perdido. Es un equipo sin pulso, un enfermo terminal que juega atormentado por su desgracia, por esa parálisis que sacude a los equipos sin remedio. Pura carne de Segunda. El 0-2 de ayer lo deja definitivamente hundido. Su suerte está echada.
El partido fue un tostón de principio a fin, uno de esos encuentros que aburren, que le dicen muy poco a la gente. Y todo porque el Mallorca se desentendió del balón y se empeñó en levantar una muralla en su área. Cúper ganó así el partido de la primera vuelta en La Romareda y quizá pensó que su suerte podría repetirse. Se equivocó. A su equipo le duró la fe exactamente un cuarto de hora y dos ocasiones: un remate a bocajarro de De los Santos, que sacó Luis a una mano, y un disparo sin mucha intención de Ramis, que, en un despeje forzado de Aranzábal, se estrelló en el larguero. Nada más. Luego, todos atrás, atrincherados, a esperar un descuido del Zaragoza. Una solución que se antoja inadmisible para un equipo que actúa en casa y se está jugando el descenso.
Al Zaragoza, que fue de menos a más, sólo le faltó el gol en la primera parte. Tuvo el control del juego, con posesiones larguísimas que provocaron fuertes pitos de la hinchada de Son Moix contra los suyos, y hasta cuatro ocasiones claras ante Moyá: dos de Galletti, una de Savio y otra inmejorable de Zapater.
El partido estaba para una gran acción individual. Y ahí apareció Savio. El brasileño es justo y necesario para el Zaragoza, un futbolista formidable que, a sus 31 años, vive una segunda etapa imperial. Ayer surgió en el momento más oportuno, cuando el encuentro no decía nada, y liquidó definitivamente al Mallorca con uno de sus zurdazos explosivos. La pelota le venía botando a media altura, y no era fácil, pero Savio la empaló como los grandes, con precisión y potencia. Imposible para Moyá. Es su séptimo gol en el campeonato, una cifra que se eleva sobre la de su campaña más fructífera en el Real Madrid y que termina de bendecir su renovación. Con Savio todo es posible.
El gol resultó definitivo, porque el Mallorca terminó de desquiciarse y el Zaragoza no le hizo una sola concesión. Nada de aventuras arriesgadas. Todo lo contrario: fútbol de pausa, de control, a la espera de otra ocasión propicia. Y ésta, claro, acabó llegando: Milito, que se bastó y sobró para anular a los desangelados delanteros del Mallorca, le puso un balón largo a Villa y el Guaje, enfadado por su suplencia, hizo una obra de arte a cinco minutos del final. Controló a la primera y de otro gran zurdazo mandó al Mallorca a Segunda.
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