Empate de impotencia
El Atlético no tuvo pegada. Savio chutó al poste

El empate a cero fue inevitable. Nadie mereció más... con permiso de los arreones del Zaragoza, pero es que jugaba en su casa. Le podemos buscar una disculpa al partido insulso de anoche: ni Zaragoza ni Atlético pugnan en la Liga por los compromisos que desearían y eso implica que no haya drama en el campo, indispensable para que el espectáculo no se convierta en una lata.
La Romareda sabía que el de anoche era un partido grande, o al menos con aspecto interesante con sólo una rápida lectura de las alineaciones. Gradas repletas, jugadores vistosos. A la práctica, nada más lejos de la realidad. Y como que los milagros no existen en este mundo del fútbol, el Atlético de Madrid sigue entregándolo toda su suerte a la inspiración de Fernando Torres, el llanero solitario del Domingo de Ramos.
El equipo colchonero fue transitando por la primera parte aturdido por su falta de llegada, por la mala noche de Jorge y por los nervios de un García Calvo que no es Perea. A la vista está que no sólo con el empuje de un Luccin cada día más entonado es suficiente para rendir el homenaje a los 300 del Frente Atlético que ayer colorearon el coliseo aragonés.
Dejémosle pues el protagonismo de la primera parte a un Zaragoza que, al tran tran, se comió con patatas al Atlético. Bastó con un robo de Galletti, posterior cesión a Óscar y balón servido a Savio para que el sonido del poste izquierdo de la portería de Leo Franco retumbara en los oídos de Ferrando. El análisis estaba claro: a la que los locales coordinaran velocidad y acierto se llevarían la palma. En pocas ocasiones lo lograron salvo en alguna buena porfía del incansable Villa. Quizá el mejor momento lo tuvo Galletti (jugador que no sólo va a querer fichar Cerezo). En el minuto 43, el argentino le birló la cartera a Pablo y su disparo lo mandó a córner su compatriota Franco. Por aquel entonces, Torres ya se las había apañado para provocar dos indecisiones de Milito (¡ohhh!). Un chut suyo desde la frontal lo atajó Luis, silbado al principio, medio aplaudido después... Y es que el Austria de Viena también jugó ayer en Zaragoza.
El monólogo aragonés duró sólo dos minutos en la segunda parte. Milito la tuvo en ese instante, solo, en boca de gol a pase de Óscar. La mandó alta. ¿Qué hacía Milito ahí? Este chaval sirve para un roto y un descosido... y no cojea.
Ese toque de atención despertó a, por ejemplo, Antonio López. El flamante internacional, que no había comparecido hasta ese instante, botó dos córners que hicieron temblar a Luis y al público. El Atlético había encontrado el sentido al partido a balón parado. Qué cosas.
A falta de fútbol del bueno, el encuentro acabó derivando en una trifulca constante (Villa, Velasco, Cani, Sergi). Los cambios mejoraron al Atlético (vía Ibagaza) más que al Zaragoza. Con el 0-0 y sin el agua al cuello, el minutero alcanzó su fin. Sólo un tiro de Savio estuvo a punto de romper la crónica de un 0-0 de Semana Santa.
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