Pagó cara la fergusonada de Martín Monteagudo
El Alba salió con cinco delanteros y sin mediocampo

Monteagudo se abandonó ayer al tremendismo con un once sin centrocampistas. Cinco defensas y cinco delanteros. Fútbol invertebrado y directo en el que raramente jugadores y balón coinciden en el sitio y el momento adecuado. Acostó a Francisco a la derecha y descolgó a Pacheco. Además, Santi le madrugó un paso a la defensa, desnudando sus carencias en los espacios abiertos. Fútbol de minuto ochenta de partido desde el pitido inicial. Una fergusonada fuera de lugar que condenó al Albacete.
Irureta, por su parte, cargó de coherencia a su once. Acunó en el banquillo al apercibido Luque y apostó por el comprometido Munitis, jugador asociativo que desata el fútbol y aporta fluidez. Además, reservó a Mauro, llamado a ejercer de anfitrión en Riazor, situando junto a Sergio al guerrillero Duscher. El encuentro fluía placentero para los coruñeses que se adueñaron de la medular más por abandono manchego que por insistencia propia. Monteagudo suicidó a su equipo regalando cuarenta metros a Valerón, Sergio, Munitis y Víctor. Una y mil veces pisaron área los deportivistas antes de que Coloccini añadiera el oportunismo a su catálogo de virtudes.
Cuestión medular. El gol del argentino acomodó a los gallegos y sembró el desánimo en el desorientado juego local. Fútbol a la deriva. En el descanso, Monteagudo rectificó, resolviendo la cuestión medular con Álvaro, un centrocampista. El Alba lo agradeció con llegadas nerviosas al área deportivista. La efervescencia manchega perturbó a los de Irureta, que perdieron el esférico, su brújula. El fútbol coherente de los albaceteños obligó a los coruñeses a remangarse y el paso de los minutos evidenció la anemia goleadora local. Con el partido crispado, se palpaba un empate más por insistencia que por solvencia de los anfitriones. Pero el asunto del gol parece una tarea épica en Albacete, La Mancha, donde los molinos son gigantes.
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El detalle: P. Lasa se tragó dos penaltis
Pérez Lasa fue muy criticado por la grada del Carlos Belmonte. El árbitro vasco no señaló dos manos deportivistas en el área de Munúa. En la primera Andrade repelió con el brazo un remate de Mikel y en la segunda la pelota da en la mano del central portugués tras un centro al área deportivista.



