Primera | Atlético 1 - Valencia 0

Torres rumbo a Europa

Su gol bastó ante un Valencia que empujó sin juego

<b>YA LLEVA 15. </b>Fernando Torres celebra el gol que le dio ayer el triunfo al Atlético ante el Valencia. Es su decimoquinto tanto en lo que va de Liga.
Iñako Díaz-Guerra
Actualizado a

Llega un momento, después de hacer treinta crónicas del Atleti en pocos meses, en el que a uno se le acaban las palabras para hablar de Fernando Torres. Hemos alabado con razón a la pareja Pablo-Perea, a Gronkjaer y a Antonio López, pero un altísimo porcentaje de los 42 puntos que colocan a los rojiblancos en plena pelea por la Champions llevan la firma del Niño. Los tres de anoche, los más importantes hasta ahora, también. Es un futbolista de una dimensión muy superior a la de su actual equipo y, mientras consiga mantenerle en sus filas, el futuro del Atlético no puede ser más que brillante.

Esta temporada, Torres pasó por momentos difíciles tras las durísimas críticas que siguieron al derby contra el Madrid. No sabía definir, etc.. En los últimos ocho partidos lleva ocho goles de todos los colores. El de ayer, un soberbio cabezazo picado tras un córner sacado por Antonio López (su séptima asistencia), ante el despiste de la defensa del Valencia que le permitió rematar solo. Pocas veces se ha visto a Ayala más superado. No pudo pararle ni una vez: bicicletas, amagos, velocidad... Se le fue siempre. Hasta en el combate de codazos que abrió el argentino, Torres sacó un meritorio empate. No se arruga.

Aimar, apagado. Más allá del Niño y de las apariciones de Antonio López y Gronkjaer, el Atlético se encomendó a la pelea ante un Valencia que empujaba y empujaba, pero más como una delantera de rugby que como un equipo que supiera dónde quería llegar. La desaparición de Aimar fue fundamental. Sin él, sólo Mista creó algo de peligro en un equipo con tan poca imaginación como el Atlético, pero sin Torres. Descomunal diferencia.

El otro gran protagonista del encuentro fue Iturralde. Al que, si tanto le motiva su profesión, podía tomársela en serio. Lo de ayer fue un cachondeo. Se comió un penalti de García Calvo a Mista; no expulsó a Sissoko pese a que dejó marcado a medio Atleti; no pitó ni falta en un plantillazo de Navarro a Núñez, pese a que el uruguayo sangraba como un extra en una película de John Wayne y remató la noche pitando falta a Torres cuando el Niño estaba 30 metros por delante conduciendo un dos para uno. La ley de la ventaja no estaba en sus libros.

Tras el gol de Torres, hubo poco fútbol y mucho desbarajuste. Primero táctico, con Antonio López cambiando a Sissoko de lateral a mediocentro y con Rufete y Fabio Aurelio intecambiando las bandas. Dio igual porque ninguno aportó nada. Sí lo hizo Di Vaio, un delantero fantástico que está pagando injustamente el desastre de Ranieri. Si el Valencia estuvo cerca de empatar, fue con él sobre el campo.

A falta de fútbol, se produjo un carrusel de golpes, que pudo acabar en un dramón para el Atlético. Perea se fue al vestuario tras un golpe en la cabeza, ante lo cual Pablo se multiplicó mientras García Calvo daba espectáculo. Pero de un tipo que el Calderón no agradeció precisamente: despejes al rival, patadas al aire... En una de las mil peleas, Gronkjaer vio la quinta amarilla que deja a Ferrando sin extremo para Zaragoza. Si miran el banquillo, verán lo desolador del asunto.

Lo peor pudo venir cuando Ayala, incapaz de pararle, arrolló a Torres y le dobló el tobillo. El Niño terminó renqueante. Recen. Porque las posibilidades del Atlético en la lucha europea pasan por él. No es una mala situación. Se le ha metido entre ceja y ceja hacer grande a su equipo y ya lo tiene arriba. Aunque parezca increíble, puede que con Torres y pelea sea suficiente.

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