Un catenaccio sin disimulo salva al Parma en Nervión
Al Sevilla le faltaron puntería y fuerzas en el tramo final

El Sevilla le puso ayer todas las ganas del mundo, pero chocó con impotencia ante el entramado defensivo de los italianos. De tanto insistir, tuvo sus opciones, pero faltaron el acierto, las fuerzas en el tramo final del partido y la aportación de alguno de sus jugadores clave, como Julio Baptista, quien no tuvo su noche. El Parma salió victorioso de su planteamiento y se reserva para la vuelta todas sus opciones.
Si alguien quiere saber de verdad de qué va eso del catenaccio, que repase el vídeo del partido de anoche. El Parma no engañó a nadie. Anunció en las vísperas que para ellos el encuentro del domingo en su Liga era más trascendental que el de ayer en el Sánchez Pizjuán. Carmignani dejó a los buenos en Italia y se la jugó con los suplentes. El objetivo: defender, defender y defender para buscar descaradamente el empate a cero. Y así fue. Los italianos instalaron una línea firme de cinco jugadores atrás y, sólo un pasito por delante, otros tres. A partir de ahí, resistir todo lo posible.
El muro. Desde el primer instante, el Sevilla golpeó una y otra vez el muro del rival. No había partido, sólo un equipo contra una defensa. A partir de ahí, a contar las ocasiones: Jesuli, Baptista y Antoñito tuvieron tres muy claras. Y el público se puso las manos en la cabeza cuando vio pasearse un centro de Navas por la portería contraria sin que nadie la empujara. Pese al dominio local, el Parma metió el miedo en el cuerpo a los aficionados en dos llegadas aisladas a la portería de Esteban. Sí, estaban vivos. Pero al Sevilla le faltaba un punto más de agresividad y valentía en su presión ofensiva. En la segunda parte, Antoñito, que no había tocado la pelota durante el primer periodo, asumió la responsabilidad. Su entrada en el juego lo agradeció el equipo. Las bandas mostraban más peligro. Pero todo se quedaba en amagos. Es más, el Parma disfrutó de una ocasión de Bresciano que salvó Esteban. Los italianos soltaban lastre y cambiaron su actitud. Miraban la portería contraria con cierto interés y recurrían a las faltas.
El tiempo pasaba y los sevillistas se desesperaron, aunque no dejaron de atacar. Makukula fallaba un gol cantado y Navas envió un balón al palo. Faltó algo más, en un partido en el que el rival entregó todo y demostró ser un equipo con muchas carencias. El catenaccio salió victorioso. Todo abierto para la vuelta.
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El detalle: ocho amarillas a los italianos
El Parma salió del Sánchez Pizjuán con una importante cuenta de tarjetas amarillas en su haber. Hasta ocho cartulinas sacó el colegiado holandés. Y es que el conjunto italiano se mostró muy expeditivo durante todo el encuentro, tanto a la hora de defender como a la de atacar.



