Vuelve la guerra Laporta-Rosell: la junta del Barça se parte en dos
El vicepresidente y sus tres fieles valoran si dimitir o quedarse como oposición interna

Estamos más unidos que nunca". Son palabras de Joan Laporta, el pasado 31 de enero, cuando intentó desactivar su enfrentamiento con Sandro Rosell. "Ha llegado un momento en que somos los menos interesados en las distorsiones y en la desestabilización. Sin ánimo de ser petulante, se ha vivido una crisis de crecimiento", añadía el presidente del Barcelona, echando tierra sobre el presunto divorcio con su vicepresidente estrella.
Pero aquellas bonitas palabras se las ha llevado el viento en menos de un mes y, hoy, la crisis en el seno de la junta directiva es vox populi. Declarada e imparable tras la gota que ha colmado el vaso: destituir de su cargo, como máximo responsable del baloncesto, a Josep Maria Bartomeu, uno de los tres hombres de Rosell en la junta directiva (los otros son Jordi Moix y Jordi Monés). Esta última bofetada a los sandristas ha acabado por romper el idílico panorama que pintaba Laporta a finales de enero, después de una cena mano a mano con quien fue su amigo (jugaron juntos a fútbol en el Sant Andreu) y pieza básica para que su candidatura derrotase por sorpresa a la de Lluís Bassat en las últimas elecciones.
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Desde entonces (verano de 2003), tras una primera temporada en la que Rosell fue su mano derecha y el hombre básico en el área deportiva, el desencuentro entre Laporta y Rosell ha ido a más. El presidente se ha enrocado en su poltrona, rodeado de sus fieles, y ha ido cortando las alas al vicepresidente. Rosell, que había sido el hombre de los fichajes merced a sus buenas relaciones internacionales, ha pasado ser el responsable de las contrataciones (Ronaldinho, Deco, Belletti, Giuly, etc.) a apenas ser informado de ellas. Dos casos claros: Etoo (lo fichó Laporta) y la pretendida renovación de por vida de Ronaldinho (ni siquiera estuvo en la cena en la que se habló de ello). Y la última: el fichaje de Maxi. Rosell y los suyos no entienden que el Barça tenga que pagar a River 6 millones de euros, ni que las comisiones suban a medio millón. Tampoco que en el contrato de Albertini no se hable de la próxima temporada.
Estrategia. En estos momentos, Rosell y sus hombres tienen una duda: marcharse el 30 de junio o seguir dentro de la junta directiva. Valoran que dimitiendo perderían voz y voto; si se quedan, por contra, podrían hacer oposición desde dentro y tendrían más resonancia en los medios de comunicación. Por otra parte, no está claro que Rosell pretenda encabezar una candidatura en las próximas elecciones. Le prometió a Laporta que nunca iría contra él y que no tiene ningún afán de ser presidente.



