El Atlético cayó a palos
Dio dos maderas y le remontó un Racing muy duro

Como tras los Oscars es un tema de moda, el Atlético se apuntó ayer a la eutanasia. Ferrando y sus jugadores hicieron todo lo posible por morir, encadenando errores técnicos, tácticos, mentales y regalando los dos goles, pero con eso no era bastante porque el Racing no mejoraba la actuación (o lo que fuera) de su rival. La ayudita externa para alcanzar su objetivo se la ofreció la tan manida fortuna en sendos remates francos a los palos de Gronkjaer y Salva. Misión cumplida: 2-1 y el sueño europeo de nuevo agonizante.
A estas alturas de la Liga, el Atlético acumula 15 remates a la madera que le han restado nueve puntos, de largo, más que ningún otro equipo de Primera. Me comenta Juanma Trueba que, si la International Board alarga un centímetro por cada lado la portería, el Atleti lo ganaría todo. ¡Optimista! Me juego lo que quieran a que, si ponemos un poste en cada córner y el larguero como el del rugby, le siguen dando. Y si juega Salva, doblo la apuesta. Igual que el escorpión que, sabiendo que iba a ahogarse, picó a la rana sobre la que estaba cruzando el río, este equipo no puede luchar contra su naturaleza (reciente).
Cadena de errores. El partido comenzó con Ferrando sorprendiendo al personal y alineando tres centrales. Era un experimento discutible, pero seamos comprensivos. Sin Sergi y con Antonio López de lateral, se veía obligado a alinear otro centrocampista de banda, además de Gronkjaer. La oferta: Jorge, Novo, Nano y Núñez. La decisión: García Calvo. Era elegir entre que te sacaran los ojos o sacártelos tú. El próximo día, puede salir con diez.
Siendo justos, la cosa no empezó mal para el Atlético. Con Ibagaza muy enchufado, Gronkjaer como siempre y el Niño poniendo en jaque a la defensa del Racing, se hizo de inmediato con el control del partido. La incapacidad de los centrales para detener a Torres desembocó en un penalti clarísimo de Casar, por agarrarle. Los locales enloquecieron en las protestas en lugar de agradecer al árbitro que no expulsara al infractor, que ya tenía amarilla. Hay manías que son jorobas.
Tras el gol, el Atlético se encerró atrás esperando para salir a la contra. Quedaban 80 minutos. Esta cobardía tenía sentido y le salió bien en el Camp Nou, pero ya recibió su castigo ante el Villarreal. No aprenden. El Racing, comandado por el exquisito Benayoun, al que se le queda pequeño su equipo (puede llamar a Torres para compartir penas), se fue arriba casi sin querer.
El empate se veía venir, pero Javi Guerrero no acertó a resolver un mano a mano clarísimo con Leo que Pablo sacó sobre la línea. Sin embargo, Molinero les devolvió el favor despejando mal un balón sencillo para que Regueiro fusilara el 1-1. Así se fueron a un descanso que resultó fatal para el Atlético.
Ibagaza, lesionado, se quedó en la caseta y Ferrando decidió volver al 4-4-2 a costa de castigar al más débil. Sentó a Molinero, sacó a Perea de posición (le colocó de lateral) y mantuvo a García Calvo. Éste le agradeció la confianza con el movimiento que le ha hecho famoso: se fue al suelo de modo innecesario ante Anderson, que le recortó casi obligado y le regaló el 2-1 a Aganzo.
A partir de ahí, el Atlético fue un caos. Sólo Gronkjaer y Torres mantuvieron la compostura y el Racing se la quitó a golpes. Fue milagroso que sus tres centrales acabaran el partido, pero lograron su objetivo y huyen rápido del descenso. Mientras, el Atlético gastó de mala manera su último comodín. Un fallo más y el objetivo será la Intertoto.
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