Rodrigo García Vizoso

"Ni galácticos, ni leches. Sin correr no gana nadie"

No todos los días uno se puede sentar a hablar de fútbol con el suplente de Ricardo Zamora, el hombre que descubrió a Luis Suárez y a Amancio. Rodrigo García Vizoso, 'Don Rodrigo' desde que eliminó al Madrid en el 32 con sus paradas, cumple hoy 96 años. El día del Depor-Real Madrid, sus dos equipos.

Rodrigo García Vizoso.
Actualizado a

Rodrigo; Solla, Sarasquete; Feliciano, Esparza...

...Fari Torres, Triana, León, Chacho y Diz. Fue un 15 de mayo.

5 de mayo de 1932. ¡Hace 73 años!

El día de San Isidro, el día que eliminamos al gran Real Madrid de la Copa. Ganamos por 2-0 en Riazor con goles de Torre y León y luego perdimos en Madrid por 2-1.

¿Qué recuerdos tiene de aquel encuentro en Chamartín?

Recuerdo que nos apretaron mucho. Tuve tanto trabajo como suerte. Eso sí, perdimos por culpa del árbitro. Era Hernández Areces, un buen árbitro leonés, pese al fallo. En un centro bombeado que iba a despejar a córner, me agarraron y marcaron el segundo. Hay un dato que demuestra la fortaleza de aquel Real Madrid, lograron ganar la Liga sin perder ningún partido. Eran buenos...

¿A quién recuerda de aquel equipo al que batieron?

¡Ufff! Estaban Ricardo Zamora, Ciriaco, Quincoces, los hermanos Regueiro, Lazcano, Olaso y creo que Hilario. Era un gran equipo. Luis Regueiro era un jugador eléctrico y su hermano Pedro también era un gran futbolista.

Después de aquella actuación, que le valió el sobrenombre de 'Don Rodrigo', como El Cid, acabó fichando usted por el Real Madrid.

Sí, me fui allí un año. Me apreciaban mucho, yo no era un revolucionario y delante tenía jugadores de categoría como Ricardo Zamora, El Divino. Me limité a aprender de los grandes jugadores que había en aquel equipo.

La puerta a la titularidad se la cerraba un tal Ricardo Zamora. ¿Cómo le describiría como portero?

Era físicamente muy fuerte y muy completo porque iba bien por alto y era ágil. Pero como persona era aún mejor. Un gran compañero.

Dicen que era el mejor.

Si no era el mejor, era de los mejores. También recuerdo a Guillermo Izaguirre, portero del Sevilla, que era hijo del presidente de la Audiencia de la ciudad. Otro gran portero.

¿Destacaría algún equipo o algún futbolista de aquella época?

Bueno, había muchos. El Athletic era un gran equipo, con Zarra, que iba de cine de cabeza. Y el Atlético de Madrid, el Barcelona, el Betis... La Liga que ganó el Betis fue curiosa, porque necesitaban ganarnos a nosotros (el Deportivo). En el descanso estábamos empatando y estuvimos casi veinte minutos en el vestuario. Siempre se ha dicho que los presidentes estaban negociando. Al final, perdimos el partido, pero nosotros no vimos ni una peseta y el Betis de los vascos ganó aquella Liga de la temporada 34-35.

¿Era un fútbol muy distinto al que se juega hoy en día?

Comparado con el de ahora, la noche y el día. Era un fútbol más basto, no había tanta técnica como ahora. Ahora hay mucho vicio. El problema es que hay demasiado dinero metido en el fútbol actual. Es un gran negocio.

¿Y la vida de futbolista cómo era?

Muy diferente. El presidente nos daba a elegir entre viajar en el Tren Expreso o en el Correo. Había diez pesetas de diferencia y siempre elegíamos el Correo para ganarnos esas diez pesetas, aunque íbamos toda la noche tirados en las maderas del último vagón. En Madrid decían que los gallegos bajábamos a la capital en los camiones de pescado, pero tampoco era para tanto.

¿A cuánto ascendía su ficha de futbolista en 1932?

Pues concretamente a 400 pesetas al mes. Mire, por eliminar al Real Madrid en aquella eliminatoria de Copa en el 32, el presidente, que no creía en nosotros, nos ofreció 500 pesetas a cada uno. Ganamos y tuvo que cumplir. Yo nunca había visto tantos cuartos juntos.

La vida no tenía que ser fácil...

Nosotros éramos 14 hermanos. Mi padre era carpintero y mi madre cigarrera, pero yo siempre fui a colegios de pago. Así que a los 14 años, cuando aprendí a dividir, me puse a trabajar mientras jugaba al fútbol. Sabía que si no aprendía un oficio acabaría cargando cajas cuando dejase de jugar, por lo que aprendí el oficio de carpintero.

Oficio que imagino que desempeñó al colgar las botas.

No, qué va. Entré a trabajar en la Fábrica de Armas. Y llegué a ser encargado. Allí me hice entrenador porque se hizo un equipo de aprendices que jugaban de cine. Los entrenaba Esparza, mi compañero en el Deportivo, pero un día se puso malo y lo tuve que sustituir yo, aunque no me hacía mucha gracia. Poco después nos echaron de la Fábrica y nos llevamos al equipo. Lo reconvertimos en el Depor juvenil y llegamos a jugar en Segunda División.

Cuentan que fue allí donde vio por primera vez jugar a Luis Suárez.

Sí, a Luis lo trajeron a jugar al equipo sus hermanos Agustín y Pepe. A mí siempre me han dicho: 'Tú hiciste a Luis Suárez futbolista'. Y yo siempre respondo lo mismo: ¿entonces qué hicieron la señora María y el señor Agustín? Luis Suárez nació ya futbolista. Los entrenadores que piensan que son ellos los que hacen a los chavales futbolistas son unos cretinos. Luis jugaba igual de chaval que de profesional.

Luego se fue al Barcelona.

Sí, pero se fue de contrapeso.

¿Cómo de contrapeso?

Iba completando el fichaje de Dagoberto Moll y acabó haciéndose el amo allí. Y luego se marchó al Inter de Milán, donde también se hizo el dueño del balón. Lo entrenaba Helenio Herrera.

¿Cómo era HH?

Era una persona muy lista a la que le gustaba que se hablara de él. Pocos se acuerdan de que una semana después de decir aquello de "se juega mejor con diez", su equipo jugó con diez y acabó perdiendo. Era muy listo y el mejor entrenador que había por aquel entonces.

¿Y a Amancio Amaro dónde lo descubrió usted?

Lo descubrí en el Vitoria, un equipo de fútbol base con mucha tradición aquí en A Coruña. Era un poco amarrón, pero también era un jugador diferente. Amancio bailaba con el balón y Luis Suárez hacía bailar al balón. El fallo de los defensas de ahora es que cuando tienen un jugador delante haciendo bicicletas se olvidan del balón y eso es lo que nunca puedes hacer, perder el balón de vista. A Amancio y a Luis era muy difícil quitarles la pelota.

¿Cuál es el mejor jugador que usted ha visto en un campo de fútbol?

Sin duda ninguna, Alfredo Di Stéfano. Sólo le faltó jugar de portero. Un día recuerdo que sacó la pelota desde atrás, se la entregó a Gento, uno de los extremos más rápidos de la historia, por algo le llamaban la Galerna del Cantábrico. Gento echó a correr, llegó al córner y centró. ¿Y saben quién remató? Di Stéfano. Era el mejor, eso sí, piaba mucho y fastidiaba a los rivales. Pero lo tenía todo. Atacaba, defendía y quien no trabajase, no jugaba a su lado.

¿Y vio a Pelé?

Claro que sí. Era un buen puntillero, pero ni defendía ni trabajaba. Aunque era un gran jugador. Eso sí.

¿Y el fútbol de ahora lo sigue? ¿Conoce a los galácticos?

Sí, claro. Pero ni galácticos, ni leches. Sin correr no gana nadie. En esto hay que correr, al menos, lo mismo que el rival. Luego, define la calidad. Eso ocurre ahora y ocurría hace 70 años.

Noticias relacionadas

¿Usted era un entrenador de esos a los que no les tiembla el pulso como a Luxemburgo? ¿O tenía más mano izquierda como Javier Irureta?

Me gustaba que se respetase la disciplina, pero eso sí, conmigo jugaban los que tenían que jugar: los mejores. Porque yo no entiendo aún cómo se puede dejar a Zidane, Ronaldo y Raúl en el banquillo, como hizo Luxemburgo ante el Athletic, y sacarlos a la hora de partido para arreglar el asunto. Usted coge y los pone de titulares y luego, a la hora de partido, cuando vayan ganando por dos o tres a cero, los quita media hora para darles un escarmiento. Porque a un verdadero futbolista le gusta estar en el campo jugando los noventa minutos.

Te recomendamos en Más Fútbol

Productos recomendados