Un francés que habla en gallego
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Thierry Henry nació en Les Ulis, un pequeño pueblecito cercano a París, pero podía haber nacido perfectamente en Sangenjo, por poner un ejemplo. Y es que Titi, todo un genio sobre un terreno de juego, se aplica el cuento que tan bien manejan en Galicia: ni subo ni bajo. Se trata de eso, de cerrar la puerta principal para quien pretenda acometer su fichaje y de abrir la de servicio y las ventanas, para que entre a preguntar quien quiera. Corazón armero (que eso es lo que significa gunner al referirse al Arsenal, conformado en su fundación por trabajadores de una fábrica de armas), pero estómago con espíritu revolucionario.
El ariete galo parece tenerlo claro: Londres es la ciudad en la que se ha hecho irreductible, como Asterix y Obelix en la Galia, y moverle de la capital británica le va a costar un Perú a quien se lo proponga. Ya probó el rissotto al gorgonzola del Calcio en la Juve y no le gustó ("sólo querían que corriera para defender", suele decir cuando le interrogan), el salmón a la meuniere del Mónaco le supo a muy poco, le maravilla el curry londinense y ahora dos delicatessen pretenden tentarle: el cocidito en tres vuelcos que le ofrece chez Florentino y el caviar por sacas de un Abramovich que espera el sí, quiero para su Chelski. Él, mientras, saborea unas nécoras con champán a la ribera del Támesis. Cosas de ser un franco-gallego sin saberlo.



