Webó cumplió su palabra

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Es posible que cada visita al estadio de El Sadar produzca pesadillas en los jugadores del Madrid. Y lo peor es que estos malos sueños se producen año tras año y el desarrollo de la acción es similar: el equipo blanco salta al campo, la afición intenta hacerle el partido imposible y, en un momento determinado, llega un jugador de color y les mete un gol. Sólo cambia el nombre del futbolista. Hace dos años fue Manfredini; el año pasado, Bakayoko y, el de este año, atiende al nombre de Pierre Webó.
El camerunés se moría de ganas por marcarle un gol al Madrid y así lo manifestó esta semana. El delantero conoce bien los entresijos del club madrileño: se los contó su primo Geremi, viejo conocido de la afición madrileña. Él le metió en el cuerpo el gusanillo del fútbol. Lo más probable es que Webó hable esta semana con Geremi y le cuente que tuvieron en la mano ganarle al equipo de Luxemburgo, pero que el Madrid es mucho Madrid. Webó se ha ganado a pulso un sitio en el once de Aguirre y forma pareja con Morales (al que considera su hermano), como en el Nacional de Montevideo. Ayer, el camerunés pudo dedicarle un gol a su hijo Marcos, que hace unos días llegó a Pamplona. La pena es que sirvió para poco.



