El Barça da con un chollo
Un autogol y Carmona remataron al Zaragoza


Vaya por delante que la victoria del Barcelona fue indiscutible. Y ahí queda el 1-4 para dar fe de ello. Pero a la vez hay que dejar claro que el Zaragoza, disminuido en moral y en efectivos, le sirvió el triunfo en bandeja con un autogol inicial de feria. Y también que Carmona Méndez, el que iba a pagar los platos que otros rompieron, cometió dos errores graves, por supuesto, a favor del Barça, que ayudaron a agrandar el resultado.
Podría afirmarse que el Zaragoza comenzó perdiendo, porque al equipo aragonés le atropelló la desgracia nada más empezar el partido, enseguida, al primer minuto. En una de bombero, Toledo se enredó en un pelotazo cruzado hacia Giuly sin ningún peligro aparente y le mandó a Rubén una cesión envenenada que acabó mansa en la red. Por si Teixeira y los comités no habían castigado ya suficientemente al Zaragoza -ayer no pudieron jugar por sanción Luis, Óscar y Villa-, Toledo le despejaba el camino al Barça con un autogol de verbena, de los que aplanan al equipo más entusiasta y dejan muda a la hinchada más predispuesta a protestarlo todo. A Rubén, que salió como un flan, se le vino el mundo encima. Y ya no dio una.
Golpe. El gol le dio al Barcelona reposo y tranquilidad, lo que más deseaba en un partido que se presentaba ardiendo por los cuatro costados. Y le quitó al Zaragoza espacios y capacidad de sorpresa, una cuesta arriba imposible para un equipo que tuvo que afrontar el pleito en inferioridad moral y sin tres de sus titulares: el portero y sus dos delanteros principales. Es como si el Barça hubiera venido sin Valdés, Etoo y Giuly.
Todo pudo volver a su origen muy pronto, pero esta visto que esta temporada los árbitros no van a darle nada al Zaragoza. Y menos frente al Barcelona. A los tres minutos, Carmona pitó un penalti sobre Galletti y se dirigió como un poseso para expulsar a Víctor Valdés, pero con la tarjeta roja en la mano, vio al línea quieto en la banda y con la bandera levantada y se desdijo de todo. La Romareda estalló de indignación, pero lo cierto es que Galletti arrancó en posición ilegal.
Corrían los minutos y el Zaragoza era incapaz de comprometer al Barça, y Víctor Muñoz decidió renunciar al novedoso trivote para afilar el ataque con Javi Moreno. Pero el cambio del Tiburón por Generelo resultó un fiasco inmediato, casi un suicidio táctico. Sin ese tercer mediocentro que barría todos los balones divididos y que incomodaba a Xavi y Deco, y con la última línea tan adelantada como de costumbre, al Barça se le abrió aún más el cielo. Y en la primera jugada Etoo le dio en bandeja a Giuly el segundo gol. Fue en un clamoroso fuera de juego, pero ya se sabe que el Barcelona tiene barra libre en estas jugadas. Y ahí se acabó el partido. El resto fue un paseo militar del líder, que a cada momento daba un susto de muerte, hasta que Eto'o, en otra acción a mil por hora, firmó el tercero con un sombrero colosal.
El Zaragoza no bajó nunca los brazos y tuvo arrebatos de orgullo, pero Carmona los cortó de raíz, como cuando no señaló un escandaloso penalti de Víctor Valdés a Cani al filo del descanso. Ese penalti no hubiera cambiado nada, pero no pitarlo fue un indignidad. Igual que esa velocidad con la que uno de los auxiliares levantaba el banderín en cada ataque del Zaragoza en la segunda mitad. Demasido en contra: la suerte, el Barça y el árbitro.
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