Soláns en el papel de un presidente
Noticias relacionadas
Definitivamente, Alfonso Soláns ignora todos y cada uno de los resortes del fútbol, pero su actuación de ayer indica que al menos ha intuido algo de lo que las formas pueden hacer en este mundo, que consiste en el arte de la hipocresía. Su encendido discurso sufrió de teatralidad, pero la afición del Zaragoza a la fuerza preferirá un actor exagerado, al que se le transparente el cambio de registro, que un presidente callado o pusilánime. La grada perdona un vodevil si le dicen algo de lo que ella siente. Y para presidir el Zaragoza quiere a un hombre que vaya al frente contra el Albacete o contra el Real Madrid. Que sienta lo que dice o, en el peor de los casos, que sepa lo que dice.
Soláns interpretó ayer ese papel, que también es el de un presidente. No posee ni la destreza dialéctica de Florentino, ni la retranca de Lopera, ni el discurso conveniente de Laporta, ni la torva expresividad de Jesús Gil, ni la piromanía verbal de un Del Nido... Lo que tiene es un vozarrón, como dejó sentado con ese estacazo de graves que le metió al micrófono. Pero Soláns es un cuerpo extraño en el fútbol de la misma forma que el fútbol es un cuerpo extraño en él. Lleva ocho años al frente del Zaragoza y nadie le ha advertido un ápice del entusiasmo inherente a este juego. Y el Zaragoza, aun sin ese entusiasmo, ha ganado desde entonces tres títulos.




