Primera | Deportivo 1 - Athletic 1

Buen fútbol, mal árbitro

Una decisión del colegiado enturbió un gran clásico

<b>TABLAS EN RIAZOR. </b>La polémica jugada del penalti, transformado en gol por Tristán, equilibró el espectacular tanto anotado por Orbaiz.
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Fue penalti, pero el auxiliar tardó un minuto en señalar una pena máxima que segundos antes había obviado clamorosamente. Pino Zamorano señaló el punto fatídico y el partido se desfiguró totalmente. El esperpento arbitral emborronó el mejor partido que se ha visto en Riazor esta temporada. Una oda al fútbol con un Athletic primoroso y un notable Deportivo.

Pese a partir de premisas diferentes, Athletic y Depor comparten una filosofía futbolística que prestigia este fútbol tan denostado en los últimos tiempos. Los bilbaínos se presentaron en Riazor reivindicando el peso específico de Lezama. Valverde alineó un once adolescente, apuntalado con tres jugadores de cuajo como Gupergui, Orbaiz y Tiko y adornado por futbolistas exquisitos, como Yeste y Etxeberria. Enfrente estaba un Depor que ya se asemeja, al menos en el trato de balón, al que tantas tardes de gloria ha dado a su gente. La pelota tuvo mucho trabajo, ya que los jugadores decidieron hacerla circular con mucho sentido. Los vascos acentuaron la verticalidad sin caer en el atropello y los coruñeses pasearon el balón de orilla a orilla pacientemente. El esférico agradeció el buen trato en forma de ocasiones. Así, Joseba, Tristán, Luque y Tiko pudieron romper las tablas, pero los porteros se mostraron solventes.

Aroma clásico. Yeste ejercía de Valerón bilbaíno y Luque de Etxeberria deportivista. En punta, Tristán y Llorente amansaban el balón esperando las incorporaciones de los suyos. Partido, por tanto, bonito en su primera parte, en la que sólo faltaron los goles. Un encuentro con aroma clásico y fútbol litúrgico entre dos equipos llamados a luchar por una plaza en Europa. La reanudación caminó por los mismos derroteros, hasta que Orbaiz, futbolista de incalculable inteligencia táctica, clavó un zapatazo en la escuadra de Munúa desde 40 metros. Un gol a la altura del partido. El tanto invitaba a pensar que los acontecimientos se precipitarían, al menos en el lado deportivista, pero lo único que se precipitó fue el fútbol de los coruñeses. Algo que celebró el ordenado y eficiente Athletic que compareció en Riazor. Una chilena de Luque advirtió a los rojiblancos del temporal que les amenazaba en A Coruña.

Víctor afiló las intenciones de los de Irureta, que sabían de la importancia del choque ante el temible calendario que les depara febrero. Pasada la hora de juego, el Deportivo percutía sin fortuna en el dispositivo defensivo bilbaíno, que había cambiado de faro en ataque (Urzaiz por el aplicado Llorente). Los vizcaínos enfriaron el partido y el Depor comenzó a palidecer. La pelota ya no visitaba los extremos con fluidez y comenzaron a llover balones de cara para los centrales visitantes. La impaciencia tomó cuerpo en el fútbol coruñés multiplicando los espacios a espaldas de su zaga. Algo que agradecieron Yeste y Etxeberría (a quien se le anuló un gol por fuera de juego). El Depor necesitaba algo, un revulsivo, un Pandiani quizás. Jabo echó mano de lo más parecido que tiene ahora, de Munitis.

Un testarazo de Andrade al palo precedió al esperpento arbitral que enturbió este clásico con sabor a fútbol del bueno, del antiguo, ése que era en blanco y negro. El mejor Deportivo de la temporada tropezó con el rival más solvente que ha pasado esta temporada por A Coruña y acabó arrancando un punto que si bien fue muy trabajado, quizás lastró la brillantísima actuación de un Athletic que dará que hablar por el descaro y el cuajo de sus prometedores futbolistas.

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El detalle: tablas de alumno y maestro

El alumno aventajado, Valverde, que estuvo a las órdenes de Irureta en Bilbao, hizo tablas con su maestro. Jabo, precisamente, cumplió 250 partidos con el Depor en Liga.

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