Osasuna se da un festín
El Sevilla, que jugó muy mal, reclamó un penalti

Osasuna volvió a arrasar todas las ilusiones del Sevilla. Como ocurriera hace dos años, los locales echaron a la cuneta a los hispalenses y pusieron la directa hacia las deseadas semifinales. Un esperpéntico encuentro de los andaluces permitió a los rojillos darle la vuelta al 2-1 de la ida. Justo vencedor Osasuna en un partido en el que los de Caparrós ofrecieron una de sus peores caras.
Y es que el Sevilla tan sólo fue capaz de aparecer en los primeros minutos. Tras un par de arrancadas iniciales de Carlitos y Baptista, su juego se esfumó por completo. Osasuna se vio sorprendido, pero supo darle la vuelta a la primera parte. Como los buenos toreros, fijó los pies en el suelo y se hizo con la faena. Valdo y Delporte desbordaban por la banda cada vez que querían y Pablo García se hacía dueño del centro del campo.
Los de Caparrós olvidaron su carácter peleón y se transformaron en un equipo blandito y sin ninguna llegada. Con el encuentro controlado, los locales activaron su sistema de fútbol directo. Cada balón que colgaban en el área era un problema para la debilitada defensa sevillista. Y así llegó el gol. Valdo remató un pase procedente del costado izquierdo, adelantándose a la zaga visitante. Ni Pablo Alfaro, ni el debutante David Prieto, ni el pequeño David llegaron a la pelota. Se abrió un enorme hueco en el área y Valdo no lo desaprovechó.
Misma tónica. Con el gol, el juego de Osasuna tomó más cuerpo aún. Aprovechando las jugadas de estrategia, merodeaba continuamente la portería defendida por Antonio Notario. Caparrós rezaba para que la primera parte finalizara. ¿Y el Sevilla? No se enteraba de la película. El equipo parecía temblar atrás, Antonio López y Redondo entregaban la camiseta, Renato y Martí no aparecían y Baptista se empeñaba en jugar muy lejos del área, donde es menos bestial. Muy pocos argumentos para derrotar a un motivado Osasuna, que se hizo dueño y señor del partido.
La luz se le apagó al Sevilla. Así, Caparrós no dudó en hacer el primer cambio. Antoñito saltó al campo para intentar reactivar el juego ofensivo de su equipo, pero... nada de nada. Los sevillistas se estrellaban contra su impotencia con una actuación ridícula, impropia de un equipo que acostumbraba a dar la cara en las citas importantes.
Pese a que Aguirre eliminó a uno de sus atacantes, los suyos siguieron dominando. El marcador y el juego les eran favorable.
Ante este panorama, a Joaquín Caparrós sólo le quedaba una bala en el cargador... Ariza Makukula. El congoleño se convirtió en el referente ofensivo. El Sevilla bombardeó la portería de Sanzol buscando a su gigante, quien sufrió un claro agarrón en uno de los líos que se formaron en el área osasunista. Pérez Lasa no vio nada, pero nadie podrá culpar al árbitro del resultado final. El empuje duró poco y quedó frenado con otro error de la defensa y el portero. Cuéllar repetía la jugada de Valdo y remató dentro del área un balón colgado, ante la presencia inútil de todos los sevillistas.
Un gol metía a los sevillanos aún en la eliminatoria, pero era la noche del gatillazo. Osasuna no dio opción. Marcó el tercero para sentenciar. Minutos después Makukula marcó testimonialmente. Osasuna jugó un partido de verdad ante un Sevilla que mostró enormes carencias. Otro golpe de mano osasunista en el estadio pamplonés. Se esfumó el sueño del Centenario. El Betis espera ahora en las semifinales del torneo del KO.
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Por quinta vez en las semifinales
Osasuna ha pasado a semifinales de Copa por quinta vez en su historia. En las cuatro anteriores, los navarros nunca llegaron a clasificarse para disputar la final.



