Riquelme y Forlán hacen añicos a una blanda Real
Los donostiarras se hunden ante un fulminante Villarreal


Tener jugadores como Riquelme o Forlán otorga a un equipo cosas como las que tuvo el Villarreal en Anoeta. No es preciso hacer un gran trabajo. Ni siquiera tener el dominio del encuentro. Basta sólo con una conexión mágica entre dos jugadores de talento para llevarse un partido. Es exactamente lo que sucedió en Anoeta, donde el Villarreal demostró que, hoy por hoy, tiene una dinamita arriba de la que muy pocos equipos pueden presumir. Entre ellos, evidentemente, no está la Real. Y menos ayer, con Nihat sancionado.
El caso es que la primera e irónica conclusión del choque es que la Real demostró cierta mejoría. Eso sí, hasta el aluvión final del Villarreal, con tres goles en un cuarto de hora. Pero durante el resto del partido el cuadro txuri-urdin tuvo opciones de llevarse los puntos realizando, además, un juego bastante más alegre que en anteriores jornadas. La idea de Amorrortu de colocar tres mediocentros no fue del todo descabellada, sobre todo teniendo en cuenta que hubo más libertad para Aranburu, el jugador con más creatividad, y que las bandas estuvieron más liberadas para las entradas de los interiores realistas. El problema fue que las acometidas de la Real adolecían del peligro suficiente. Sólo un disparo de Karpin al lateral y un lanzamiento alto de De Paula crearon verdadero miedo.
Peligro constante. Todo lo contrario que el Villarreal. Los de Pellegrini intensificaban el tembleque de la zaga realista cada vez que se asomaban al área. Y la velocidad con la que salían al contragolpe también sorprendía a los centrocampistas, incapaces de cortar de cuajo esas jugadas con una falta. Así, cuando la balanza aún no se había decantado de ningún lado, apareció Forlán para certificar que el peligro que anunciaba el Villarreal con cada contra era, efectivamente, cierto. Ése fue el pregón perfecto para disfrutar del festival de Riquelme y los suyos, ya que con la ventaja en el marcador los castelloneses demostraron una y otra vez toda su calidad. A la Real, que lo intentó de todas las maneras, le duró el fuelle hasta que Riquelme quiso. Porque lo que vino después fue un recital en el que el único color que hubo fue el blanco de los pañuelos de Anoeta.
Noticias relacionadas
El detalle: Josico, lesión en el calentamiento
Josico se perfilaba como titular para el partido de ayer, pero un tirón muscular antes de comenzar el encuentro propició que finalmente entrase Sorín en el once. El argentino se situó en la banda izquierda y propició que Riquelme ocupara finalmente la zona central junto a Senna.



