Empate en el Purgatorio entre Osasuna y Depor
Los rojillos merecieron más, pero fallaron arriba y atrás

Pamplonicas y coruñeses, cabeza de ratón ambos, evidenciaron que están a mitad de tabla por falta de aptitud ante la meta y por falta de actitud en el campo.
El partido comenzó con un Deportivo aterido por el frío y asediado por Osasuna. En defensa (una actitud, no una demarcación como piensan quienes juegan de mediocampo hacia adelante) se evidenció que los extremos coruñeses habían salido poco comprometidos. Manuel Pablo vivía en inferioridad, mientras que Izquierdo disfrutó de un panorama placentero por la desidia de Luque. El trabajo se amontonaba para la zaga visitante y para un solvente Munúa. Una buena mano abajo a disparo de Webó y un forzado testarazo de Morales que se encontró con el palo encendieron las alarmas blanquiazules. En el mediocampo, Pablo García y Puñal ganaban metros a Sergio y Duscher, obligados a recular. La primera parte se cerró sin noticias ni para los meritorios osasunistas ni para los asediados blanquiazules.
Igual de insulso. La segunda fue un calco. Valerón estaba desaparecido, Tristán perseguía pelotazos y demostraba ser torero tremendista (todo o nada) y el efervescente Luque se deshacía con el paso de los minutos. De Duscher hacia adelante no existía el Deportivo. Osasuna llegaba, creaba ocasiones, pero faltaba punch. Fallaba con la espada. Así llegaba el encuentro a la hora de partido.
Entonces el Depor se hizo el hara-kiri. Aculado en su área, Webó tensó un centro que tropezó en Pablo Amo y se coló en la portería de Munúa. Justo premio para Osasuna, justo castigo para el Depor (no para Pablo Amo, que minutos después era sustituido en un cambio inculpatorio).
El gol no alteró la insulsa actitud deportivista, pero se encontró el empate en una jugada que desnudó las carencias de la zaga local. Héctor peleó un centro en el área y Sergio remachó a la red la pelota suelta. Un punto intrascendente para dos equipos que no deben pelear por mucho más que vivir tranquilamente. Empate en el purgatorio, lejos de ambiciones europeas y a salvo de apreturas en la clasificación. Allí, en el limbo, Osasuna y Depor deambulan por méritos propios. O quizás por deméritos.
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