Primera | Málaga 1 - Atlético de Madrid 0

La suerte fue del Málaga

Un gol de Juan Rodríguez decidió un partido infame

<b>UN BARULLO. </b>Braulio, Perea, Pablo, Edgar, Miguel Ángel, Nano, Colsa, Wanchope, Sanz, Romero y Gronkjaer esperan el balón en un córner.
Iñako Díaz-Guerra
Actualizado a

Lo primero, permítanme que me desahogue: el partido fue el peor que he visto en mucho tiempo. Y eso es mucho decir, ya que me he tragado todos los de este vulgar Atlético actual y, lo que es peor, los del año pasado con Manzano, cuyo espíritu plomizo poseyó ayer a sus dos ex equipos. Lo segundo, centrémonos en el dato puro y duro: ganó 1-0 el Málaga gracias a un gol de Juan Rodríguez. Con Tapia en el banquillo, ha ganado sus dos últimos partidos y ya está fuera de la zona de descenso. Por su parte, su rival puntual de ayer ha pasado a ser un rival constante en la Liga por la permanencia. El Atlético esta ahora más cerca del descenso (a seis puntos) que de Europa (a siete). Estos son los fríos hechos.

Una vez descargadas la adrenalina y las cifras, les diré que ganó el Málaga sin merecerlo. En realidad, nadie mereció nada, pero los de Tapia tuvieron más suerte, cuestión ésta habitual en todos los rivales del Atlético. Siento recurrir a una explicación tan tópico, pero ayer decidieron dos golpes de fortuna, que no sé si será calva, pero estoy seguro de que no es rojiblanca.

Fueron dos acciones aisladas, ya al final del partido, cuando los jugadores estaban tan aburridos que, cual Homer Simpson, pensaban en dónuts mientras vigilaban una central nuclear. El primer despiste global llegó en el minuto 80, en una falta lejana y escorada que sacó Antonio López. Nadie acertó a tocar su centro-chut, que se colaba irremediablemente en la portería de Arnau, pero... Tocó el palo, más por dentro que por fuera, y salió disparado lejos de la portería.

Dos minutos más tarde, Juan Rodríguez condujo el balón y llegó a cinco metros del área sin que ningún atlético le molestase, allí disparó con la derecha y el balón se encaminó hacia las manos de Leo Franco. Mientras el portero la esperaba cómodamente tumbado, la pelota decidió botar medio metro antes. Nada grave en condiciones normales, pero entonces el césped se levantó ante el impacto y el balón salió disparado hacia arriba, superando al atónito portero. El argentino se tomó media venganza al pararle a Rodríguez un penalti (que fue) en el 85', pero ya todo daba igual.

Bostezos.

Hasta estos cinco minutos de locura (que no de fútbol, no vayan ustedes a pensar que me quejo de vicio), el partido fue tan entretenido como mirar crecer la hierba. El Málaga, consciente de la falta de capacidad creativa de sus futbolistas, renunció al balón. Cuando lo cogía, jugaba al rugby (más como España que como Nueva Zelanda, la verdad): patada a seguir y que sea lo que Amoroso quiera (o pueda), que fue poco. El Atlético, inconsciente de su falta de capacidad creatividad, agarró el balón. Y lo que le hizo al pobre debería ser estudiado por el tribunal de Derechos Humanos de la UE. Yo declaro.

Los rojiblancos dominaron sin sentido, con Sosa y Luccin demostrando su incapacidad para construir algo más que una chabola, con Ibagaza desaparecido y con Torres y Salva (le anularon bien un tanto por fuera de juego) ofuscados, perdidos, obsesionados con el gol que no llega. Sólo las desaprovechadas apariciones de Gronkjaer daban algo de luz. Viendo lo que le rodea, el extremo está al borde de ponerse un embudo en la cabeza y soplar un matasuegras. Ayer se ganó una tarjeta por protestar airadamente. No se veía un danés tan mosqueado desde Hamlet. Ferrando también empieza a hacer cosas raras y sacó a Braulio en el 85'. Exactamente 85 minutos más tarde de los que el sentido común (y Salva) exigían. Así, pasito a pasito, el Atlético se ha metido en un lío.

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