Savio tumba con un golazo al Betis, que pudo igualar
Israel y Alfonso reanimaron al equipo de Serra

En el día de su cumpleaños, Savio largó un pelotazo memorable por el hoyo de las agujas, vulgo escuadra. El portero apenas lo oyó pasar; la gente ni lo vio. La gente contará que lo vio, pero eso es porque hay televisión. En vivo, la velocidad de la bola fue de quemar retinas, una ilusión de zigzag entre el iris y la córnea. También la sepultura prefigurada del Betis...
Fue un partido grande, con dos direcciones, como la cornada de Paquirri. Con el Betis pasó algo raro: ninguno de sus futbolistas estuvo en su nivel y sin embargo tuvo compostura y llegada al frente. Le faltó ritmo. El Zaragoza tuvo una velocidad más, jugadores muy activos y una destreza singular: casi todo lo interpretó bien y lo hizo correctamente. Y eso sin concentrarse ni cobrar primas. El fútbol es una estupenda mentira.
Vaivén.
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A la tarde le correspondían más goles que el de Savio, que llegó en el momento preciso para el Zaragoza. Si tuvo cualquier virtud, también agregó esa, la oportunidad. Fue en el minuto 43 y quedó resonando en el descanso. El Betis encontraría la convicción en los cambios. La convicción y un algo de fútbol, no mucho, pero sí lo suficiente para avivar el instinto. Antes, Oliveira había escapado una vez y se fue hacia Luis, pero Luis se la paró. Luego Savio aplastó un cabezazo contra Doblas y el melón quedó oficialmente abierto.
El Zaragoza se vio en el alero y Víctor puso a Soriano y Pirri para cerrar vías de agua. Israel, un chiquillo de 17 años, extremo derecho puro, entró en el Betis y exilió a Joaquín, al que Serra Ferrer largó a la izquierda. Era como largarlo a Siberia en batín de guata. Pero entre Israel y Alfonso la liaron en los 20 minutos finales. El Betis tiró dos pelotas al palo (una de Israel) y no empató porque a Oliveira lo negó otra vez Luis en el alargue de Mejuto, que fue una angustia mortal para el Zaragoza.




