Las ganas del Niño se toparon con San Casillas

La maldición del Niño.Casillas le tiene tomada la medida a Fernando Torres. El Atlético se volvió a encontrar con la maldición del único Galáctico de Florentino Pérez. El Calderón se llenó hasta los topes, hasta el tifo del Frente Atlético fue original, pero la estrella colchonera no se come una rosca contra los blancos. Salvo la ayuda divina que tuvieron los madridistas, todo el fútbol corrió a cargo de la gente de Ferrando. Hasta el ministro Moratinos, compañero en el palco de Florentino Pérez, no acertaba a comprender cómo llegaba el descanso y su equipo tenía el cero en su marcador. Pese a sus tendencias rojiblancas fue el primero en felicitar al presidente blanco a la conclusión del partido.
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A Luccin se le espera. Ibagaza se lució, pero Luccin sigue en estado invernal y por un error suyo en la entrega llegó el primer gol de Ronaldo. Tampoco el Calderón se pudo privar del grupo de indeseables y sus gritos racistas contra Roberto Carlos. Tontos los hay en todos los sitios. Gronkjaer exhibía buenas maneras, pero el lamento atlético es el de las últimas campañas. Falta un goleador. Desde que se fue Hasselbaink es un problema endémico de este club y el Niño no puede tapar tantos agujeros, aunque la verdad es que contra el Madrid sigue pasado de revoluciones y nadie puede comprender los dos goles que falló ayer.
Buena apuesta de Ferrando.San Isidro sigue siendo blanco y la suerte nunca se asoma por el Manzanares. Pese a la contundencia del resultado final, me quedo con la buena apuesta futbolística del Atlético durante sesenta minutos. No hubo justicia en el campo y se cumplió la máxima futbolística de que siempre que se perdona, al final terminas perdiendo. Una pena y se anuncia otra temporada llena de miserias y sufrimientos para llegar, como mucho, a la UEFA. ¡Toni, comienza a buscar un goleador! Las arcas estarán llenas con el taquillazo de ayer y, a lo mejor, se puede hacer un esfuerzo hasta finales de enero. La verdadera diferencia es que Luxemburgo y Casillas tienen un jardín en su casa y nosotros un cubo de penurias. No perdemos la ilusión de devolver el golpe en el partido de vuelta. Las desgracias está comprobado que no pueden durar más de cien años.




