"Obrigado, Santos"
Luxemburgo se marchó del Santos por la puerta grande, dejándolo campeón de Brasil y batiendo el registro de goles en la Liga (103). Su gran labor no fue únicamente técnica: destacó por recuperar mentalmente y multiplicar el rendimiento de un Robinho descentrado por el secuestro de su madre.


Luxemburgo celebraba su título de Liga con el Santos tras la victoria ante el Vasco y no se imaginaba su futuro. Un golazo de libre directo de Ricardinho y otro de Elano dejaban el título en un club en el que no había tenido éxito en su primera etapa. Ahora sí. Lástima no poder celebrarlo en su estadio de Vila Belmiro porque la hinchada lo merecía.
El técnico había construido un equipazo, que cayó ante los ecuatorianos de Liga de Quito en la Copa Sudamericana por el tremendo golpe anímico que supuso para todos el secuestro de la madre de Robinho. Los 41 días que Marina Da Silva Souza estuvo secuestrada destrozaron el ritmo del Santos, que aún así mantuvo el mano a mano con el Atlético Paranaense para ganar al sprint el título. Desde que se conoció el secuestro, Luxemburgo demostró sus cualidades como conductor y también el porqué de su preocupación por la psicología. Apartó a Robinho de la competición para que participase activamente en las negociaciones, pero siempre se preocupó de que entrenase.
Sólo horas después del feliz desenlace y ya con su madre en casa, Robinho fue titular en el partido decisivo ante el Vasco. Gran estrella ya sin Diego en el Oporto, el fantástico resurgir de Robinho ha sido el último gran éxito de Luxemburgo. Casi hundido tras el fracaso en el Preolímpico de Chile que dejó a Brasil fuera de los Juegos, el técnico se encontró a un Robinho individualista y confundido, con sólo nueve goles en el 2003. Los 21 goles con los que acabó un torneo en el que estuvo ausente un mes y medio por el secuestro de su madre responden a un intenso trabajo de motivación.
La estrella. "Robinho será goleador en cuanto él quiera", dijo Luxemburgo nada más llegar al Santos tras la marcha de Emerson Leao. "Robinho tira bien con las dos piernas, es frío delante del portero y va bien de cabeza", siguió Luxemburgo con su sesión de motivación particular.
Robinho se convirtió en el tercer goleador del año en Brasil tras el potente Washington, del Atlético Paranaense, y Alex Días, del Goias, y volvió a la selección. Desde que se hizo cargo del Santos, Luxemburgo no lo dudó un instante. Entrenamientos más duros para Robinho y 30 remates a puerta diarios. Funcionó de maravilla. Si Emerson Leao llegó a dejarle en el banquillo en el 2003, Luxemburgo tuvo con él un ejercicio mental constante. "Siempre le digo que no sólo se preocupe en regatear. Tiene que jugar más para el equipo", declaró a Placar en agosto de 2004.
Si Emerson Leao había devuelto al Santos a lo más alto en 2002, Luxemburgo le convirtió en más ofensivo. Del gran Santos subcampeón de América se fueron Alex al PSV, Paulo Almeyda al Benfica, Renato al Sevilla y sobre todo Diego al Oporto. Salvo Zé Elías, el resto de refuerzos como Bovio, Fabinho o Marcinho andaban lejos del primer nivel.
Sus dos primeros partidos fueron derrotas, una dura ante el At. Paranaense y la otra humillante: 0-4 frente al Palmeiras. Luego vino la eliminación en la Copa Libertadores ante el posterior campeón Once Caldas. Luxemburgo mantuvo el estilo 4-4-2 y el Santos estuvo veinte jornadas de líder por sólo diez del Paranaense. Batió con 103 el récord de goles en una Liga brasileña y se mantuvo invicto los últimos nueve partidos.
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Por eso, con el Santos en lo más alto de Brasil y ante una temporada con la Libertadores como objetivo, sólo una oferta como la que tuvo podía provocar esta carta, publicada en la página del Santos el 30 de diciembre, minutos después de cerrar su traspaso al Real Madrid.
"Comunico a todos los hinchas del Santos FC y por qué no del fútbol brasileño, que incluso después de ya haber decidido continuar con mi proyecto victorioso para el 2005, dejo el club. No tengo otra razón para esta decisión que no sea la realización de uno de mis principales sueños de mi vida profesional. Durante el 2004 fui intensamente feliz en el Santos FC y en la ciudad de Santos... Pero esta vez no tuve más remedio que aceptar la propuesta del Real Madrid, que no sólo será importante para mi carrera sino para la de muchos otros técnicos brasileños... A los hinchas, todo mi cariño y mi apoyo, y la certeza de que algún día nos reencontraremos. En el 2005 estaré animando, y mucho, para el éxito del Santos. Salgo con orgullo por el trabajo realizado. Mi eterno agradecimiento al Santos FC, que a través de su grandeza mundial me proporcionó la realización de este sueño". Todo con el título de "Obrigado, Santos" (Gracias, Santos). Minutos después, Luxemburgo se subía a un avión rumbo a Madrid.



