Los accesos y el césped obsesionan hasta el final
Mil detalles hay que tener en cuenta para mantener impoluto un recinto con capacidad para más de 50.000 personas. El Calderón se somete estos días a pruebas, verificaciones, controles y tareas de acabado que harán que el domingo muestre su mejor cara.


En las últimas horas, los operarios rojiblancos están acabando de engalanar el Vicente Calderón. Son momentos de verificación y puesta a punto con meticulosidad. Se limpian los accesos y los vomitorios, se cuida el estado de los asientos y la fachada externa y, por encima de todo, se mima el césped. El domingo la hierba debe ser un tapete y el Calderón presume de uno de los mejores céspedes de España.
Poco a poco se van cubriendo etapas, recibiendo material y efectivos que se necesitarán el día del partido. Los días de mayor intensidad, obviamente, serán los dos últimos. La noche y la mañana anterior al duelo serán frenéticas, desde las taquillas hasta los vestuarios. A primera hora, Antonio y Ramón Llarandi, los utilleros, prepararán todo el material deportivo y lo situarán en las taquillas del vestuario. El Real Madrid hará lo propio en el del equipo visitante.
Los responsables de televisión desplegarán el cableado y se instalarán las cámaras, así como su conexión con las, al menos, tres unidades móviles que se ubicarán frente a la puerta 4. El personal de limpieza dará su último toque al estadio y comenzarán a operar los repartidores de almohadillas, colocando las jaulas. El día del partido, los únicos que pisarán el césped antes que los jugadores serán las personas encargadas de pintar las líneas. Nadie más puede bajar al terreno de juego.
Los accesos. Antonio Cámara es, el responsable del sistema de acceso y control. El Calderón tiene 100 tornos de autolectura en sus puertas, que permiten el acceso al campo sólo una vez por localidad y abono durante el día del partido. Estos tornos están conectados a una red informática, que en todo momento permite saber al club los movimientos que tienen lugar en las puertas. Las entradas, fabricadas con papel especial de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, poseen un código de barras y tienen una serie de componentes que impiden su falsificación.
Los tornos comienzan a funcionar una hora y media antes del partido para el acceso al público y se cierran en torno al minuto diez o quince de la segunda parte. En ese momento se abaten, por si hay que evacuar, y no se permite la entrada de ningún espectador más.
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Sistema a prueba de apagones
En caso de apagón el sistema de acceso no sufre alteración. Los tornos y el sistema informático tienen autonomía propia, de manera que en ningún momento la seguridad pueda verse alterada. En caso de un fallo informático, los tornos tienen también un dispositivo de apertura manual individual y colectiva.



