El glorioso año 1996
La decepción en el Flamengo le duró poco a Luxemburgo, que en 1996 volvió al Palmeiras. De su primera época allí quedaban Rivaldo y Roberto Carlos, a los que se unió Djalminha para formar un impresionante equipo. La Prensa debatió si ese Palmeiras era el mejor conjunto del siglo, por delante del Santos de Pelé.


En 1996, Vanderlei Luxemburgo volvió al Palmeiras tras pinchar con el Flamengo en el año de su centenario. Ya entonces, en Brasil tenía fama de técnico moderno, cuidador de las formas y la imagen y con muchos detalles por analizar. Se sabía que desde 1993 se había introducido en la neurolingüística, una filosofía del escritor Lair Ribeiro y divulgada por su psicóloga Suzy Fleuri, que tiene en la autodeterminación uno de los puntos de apoyo para el éxito profesional. Según palabras de Fleuri, "autodeterminación como autoconvencimiento en el colectivo a través incluso de la apariencia exterior de poder lograr metas difíciles".
Por eso Luxemburgo habla siempre de fútbol participativo y pide a sus jugadores que se adapten a distintos puestos. Nunca avanzó del todo en la neurolingüística, y al final trabajó con las teorías de Daniel Goleman, un psicólogo y periodista americano autor del best seller Inteligencia emocional. Incluso le gusta que le llamen en Brasil "el Daniel Goleman del fútbol", como reconoció a Placar en abril de 1997. Ya en aquella época se conocía su buena relación con Robeiro de Ogum, un vidente que le acompañó durante 10 años. Trabajó con él justo hasta hacerse cargo de la selección a mediados de 1998.
En lo futbolístico, 1996 fue un año mágico para él. Del gran Palmeiras de 1994 se mantenían Rivaldo y Roberto Carlos como estrellas, y además se había incorporado del Guaraní un talento como Djalminha. Aquel equipo causó sensación y ganó el título paulista con 102 goles. Desde Cafú hasta Luizao o Alex Alves todos rindieron de maravilla, pero el espectáculo lo pusieron Rivaldo y Djalminha. Pocas veces se había visto tal superioridad, porque el Palmeiras le sacó 28 puntos y marcó 48 goles más que el segundo, el Santos. Aquel Palmeiras perdió su primer partido en la jornada 24 ante el Guaraní (1-0), lo que provocó el debate en la prensa paulista de si era el mejor equipo del siglo por delante del Santos de Pelé. De las miles de declaraciones me quedo con esta de Caso de Leal, técnico entonces del América de Rio Preto. "El Palmeiras ataca por las alas e intentamos neutralizarlas. Si lo conseguimos, atacan por el centro o en diagonales. Y si por un casual podemos con todo aparece el central Cleber y marca. Son imparables". Desde Europa, Fabio Capello, técnico del Milán, les colocaba entre los cinco mejores equipos del mundo y el Borussia Dortmund que entrenaba Hitzfeld, campeón entonces de Alemania, fue destrozado 6-1 en un amistoso en Fortaleza.
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Otra definición de aquel equipo la dio Decio Pignatari, poeta y famoso profesor de lengua fanático del Corinthians, quien dijo: "El Palmeiras encontraría el estilo de fútbol brasileño hábil y creativo, pero bastante lento. Luxemburgo ha creado un sistema diferente, en el que los jugadores corren mucho pero son precisos en el pase. Los demás parecen jugar a cámara lenta". En eso tenía su mérito el preparador físico Antonio Melo, al que también veremos en el Madrid.
Pero no todo eran alegrías. Una manicura llamada Claudia Laudineise Machado le acusó de acoso sexual en el Hotel Vila Rica de Campinas. La noticia corrió en Brasil, pero el técnico negó los hechos y Claudia jamás pudo probarlos. El caso fue archivado pero rompió el idilio entre Luxemburgo y la opinión pública. Lo realmente cierto es que aquel Palmeiras pasó a la leyenda y cada detalle llevaba impregnado el estilo de Luxemburgo. Antes de los partidos, y en el vestuario, un aparato proyectaba en una pantalla gigante un campo de fútbol. Los jugadores veían durante diez minutos los movimientos requeridos para ese partido, todo supervisado por el ayudante Marcio Araujo. Luxemburgo había pagado de su bolsillo los 20.000 dólares que costó el aparato, que diseñaba a la perfección los movimientos que quería. Además del portero Velloso, Cafú podía entender su función como lateral ofensivo y sus responsabilidades atrás, igual que Roberto Carlos, la importancia por alto de los centrales Claudio y Cleber y la función defensiva del mediocentro Flavio. Luego, el apoyo de Amaral, la función entre líneas de Rivaldo, la posición de Djalminha y los movimientos de los puntas Luizao y Muller. Una alineación tipo de un conjunto superior al que ganaría poco más tarde la Copa Libertadores con Scolari. El equipo de Luxemburgo humilló al Corinthians y hundió al Sao Paulo, cuyo campo de entrenamiento está justo pegado al del Palmeiras y que por ello provocó el chiste más famoso de la época en Brasil: "¿Sabéis cuál es el equipo que más cerca está de la perfección en el fútbol brasileño? El Sao Paulo, porque para llegar a ella sólo necesita saltar un pequeño muro". Con esa sensación de perfección y unas cifras sin igual en Brasil, Luxemburgo dejó el Palmeiras para llegar al Santos.



