Fue cantante en barcos de recreo

Julio Maldonado
Importado de Hercules
Actualizado a

Cuando Guerin Sportivo festejó en 1986 su cincuenta cumpleaños con la frase "auguri, Berlusca" ya muchos se imaginaban que Silvio Berlusconi llegaría a ser el presidente de todo y de todos. Del Milán y de todos los italianos. Quizá levantar un club de sus cenizas y convertirle de nuevo en referencia mundial pueda parecer sencillo para un hombre como él, pero seguro que no le resultó fácil devolver a la senda de victorias a un club tan inmenso. Lo cogió moribundo en 1986, lo devolvió a lo más alto con cuatro Copas de Europa y siete Ligas y sobre todo lo convirtió en la envidia de todos. Por su aura ganadora, su colección de estrellas y su fútbol de ensueño. Ahora deja el Milán con un rossonero como Balón de Oro, un estilo que recuperó el triunfo para el fútbol italiano y la vitola de gran favorito allá donde juegue. A finales de los sesenta ya pretendió el asalto a la presidencia, pero entonces Franco Carraro prefirió darle el equipo a Federico Sordillo. El Milán tuvo que esperar hasta 1986, pero mereció la pena. De su primer negocio como vendedor de sus apuntes en el colegio, su licenciatura en Derecho en 1961 o su primer empleo como cantante en cruceros por el Mediterráneo se podría escribir un libro. De sus éxitos primero en la construcción y más tarde en las telecomunicaciones habría para una enciclopedia. Luego llegaría la gigantesca Finnivest. Y de su éxito político se ha escrito un capítulo entero de la historia de Italia. Fundador del movimiento Forza Italia y ya elegido presidente del Consejo en 1994, tuvo que lidiar varios escándalos de corrupción y procesos judiciales hasta alcanzar la cima como presidente de Italia en las elecciones de 2001. Ahora, la Ley 215/2004 aprobada por él mismo y que regula la compatibilidad entre cargos del Gobierno y actividades empresariales le obliga a abandonar la presidencia del Milán. Seguirá siendo el dueño, pero deja vacante el cargo en un equipo al que hizo muy grande, con Sacchi y Capello, con el trío de holandeses Rijkaard, Gullit y Van Basten, con las cuatro Copas de Europa y con la llegada de la Generación Shevchenko.

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