Pablo salvó el día del Niño
El gol de Antonio López tumbó a un Depor vulgar

Ni en su mejor versión, la que se vio anoche, el Atlético es capaz de ganar un partido con comodidad. Hasta el minuto 94, el Depor más mediocre que recuerdo no había tirado a puerta. Se limitaba a observar la exhibición de Torres y a preguntarse cómo era posible perder sólo por 1-0, pero en el Manzanares todo puede suceder. Así que, en el último instante de la prolongación, hubo doble milagro navideño. El primero, que Scaloni y Valerón se encontraran, surgidos de la nada, dos remates a bocajarro y a puerta vacía. El segundo y más gordo, que el sensacional Pablo los sacase ambos sobre la línea. Increíble.
Hasta el numerito final, el Atlético, amparado en el fortín del Calderón, había jugado su mejor partido de la Liga. Lo cual tampoco es decir mucho, pero es un buen inicio. No fallaron sus puntales habituales. La defensa jugó más adelantada que de costumbre para alejar a Pandiani del área. Y lo alejó tanto que, cuando le cambiaron, nadie se dio cuenta. El riesgo que entrañaba dejar tantos espacios a la velocidad de Luque y al tiralíneas de Valerón lo dejaron en nada Perea y Pablo, por rapidez e inteligencia respectivamente. ¡Qué centrales, madre mía!
Los canteranos.
Luego está el caso de Antonio López, agigantándose por minutos. Ayer marcó su primer gol con el Atlético y puso once centros al área, abusando del improvisado lateral Scaloni. Y nos queda Torres. César y Andrade vivieron una noche de pesadilla. Si le entraban, les desbordaba. Si le aguantaban, como en el gol, les obligaba a recular hasta que encontraba a un compañero solo. Así que, sobre todo el portugués, se limitaron a crujirle a patadas con la habitual permisividad arbitral. Un día nos llevaremos un disgusto. Si a todo esto le unimos que al fin dieron síntomas de vida Ibagaza y Luccin, el Atlético toma cuerpo.
El mismo cuerpo que pierde el Depor a velocidad de vértigo. Durante 10 minutillos, entre el 15 y el 25, Valerón dominó el partido y pudimos recordar lo grande que ha sido este equipo. Luego le tumbó el gol y fue un alma en pena durante todo el segundo tiempo, vapuleado por el Atlético, que es un poco como si eres Muhammad Ali y te da una paliza Poli Díaz. En cualquier caso, si el mago Irureta no logra resucitarle y es el fin, este equipo se merece un homenaje tan emotivo como el que recibió ayer Simeone. Eso sí, si no aparece Pablo, esta elegía sería una chorrada y el Atlético no estaría en UEFA. Los milagros del Calderón.
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El penalti de Mauro no se pitó
En el minuto 62, Antonio López centró y Mauro Silva, que estaba dentro del área, desvió el balón con la mano. Moreno Delgado no señaló el penalti.




