"Somos la rebeldía ante los ufanos de la victoria"
Analista y reflexivo como pocos, nueve años al frente de Hora 25 en la SER le avalan, Carlos Llamas se olvida de todo eso cuando es el Atlético quien está por medio. Vive el fútbol con frivolidad, como uno de los pocos ejercicios irracionales que una persona se puede permitir.


Lo del Atlético fuera de casa es ya para una asesoría, ¿tiene alguna respuesta?
Es producto de la indefinición. El equipo no sabe a lo que juega. Me da la impresión de que, como los periodistas mediocres, sale a empatar y así lo normal es perder. Hace mucho tiempo que no le veo definición de carácter al Atlético.
¿Qué hace falta para recuperarlo?
Hay que decir que es propio también de la naturaleza atlética, y nos gusta, vivir en una tensión permanente, de manera que todo menos la lógica. Aquello que es previsible es lo que no sucede nunca. Esos partidos en los que se podía ganar 5-1 al Barça y luego se palmaba. Nos ha faltado también sosiego en las alturas y eso ha construido una especie de hipo vital, de manera que cada día el médico debe recetarnos algo para los achaques.
Con todo eso es imposible que el atlético se preocupe por discutir entre la dicotomía entre resultado y espectáculo.
Qué más quisiéramos. Se me ocurren muchos tópicos sobre lo que significa ser rojiblanco, pero si algo tengo bien claro es que atlético sólo se nace. Aunque hay casos curiosos. He observado dentro de mucha gente inmigrante que vive en Madrid un pleno sentimiento atlético, en gente de Ecuador, de Colombia... Es curioso cómo estas personas lo han entendido y lo identifican como suyo, y es evidente que no han nacido del Atlético. Se han hecho rojiblancos porque han percibido esa extraña manera de ser que comporta.
¿Eso es lo que a usted le sedujo?
Sí, ese llevar la contraria, la rebeldía ante esos ufanos de la victoria... Recibí el legado de mi tío y éste a su vez de mi abuelo de llevar la contraria para tener una sobremesa animada. Hay otras cosas que debemos preservar los que no tenemos mucha pasta, ni somos los más agraciados. Es muy fácil apuntarse al parque temático, éste de los que visten de blanco, una cosa tan bonita, tan impoluta. El fútbol y las mujeres, en escaso número, son los únicos territorios donde uno puede permitirse el lujo de ser completamente irracional y caprichoso.
¿Por qué la extraordinaria magnitud que ha alcanzado el fútbol en este país?
Es la conjugación de todas las pasiones. Antonio García Ferreras, que ahora está en el Madrid, me dice siempre que es la poesía de nuestro tiempo. Yo creo que ha pasado demasiado tiempo al lado de Valdano. El fútbol se ha convertido un poco en donde se ha admitido que seamos todos un poco más irracionales, y no lo digo para el comportamiento más deplorable.
Se ha desdibujado un poco el deporte, se utiliza el fútbol muchas veces como herramienta política.
En el fondo todo es política. Yo tampoco soy de los que abomino de la política como manifestación humana. Ahora, otra cosa es que se utilice como instrumento político para una pelea determinada. Eso es cierto que se hace y no me gusta. No es que yo sea un gran patriota porque defienda a la Selección española. Lo hago porque es lo que está en mi memoria. Entiendo que todos juntos es mejor que disgregados. Sí es cierto que últimamente se está utilizando en la cuestión nacionalista, pero no deja de ser una perversión más de la utilización del deporte.
¿Usted es de equipos o de jugadores?
De equipos. Aparte me gusta el buen fútbol, siempre que no lo practique uno determinado que me fastidia bastante. Afortunadamente hace mucho que no ocurre, vive más del espejismo y del relumbrón que de otra cosa. Y luego puedo decir que me han fascinado Pereira, Leivinha, Alemao, Gárate, Luis, cuando no hablaba, Irureta... Ahora los jugadores no perciben el mundo como lo hacemos el resto. Tienen más que ver con Hollywood que otra cosa. No soy de los que digo que los jugadores no deben salir a tomar copas, de hecho yo me encuentro a alguno por ahí. Pero sí que veo a alguno que un día en lugar de una camilla van a tener que llevarle una UVI móvil.
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Cuando ve al equipo es también muy analista.
No, soy frívolo. Como cuando dejo de trabajar. Me gusta la frivolidad como acto de entrega. Me gusta comer durante las comidas, así que el coco procuro luego no comérmelo.



