Yo digo | Jorge García

Ídolo 'viola' y símbolo portugués

Jorge García Hernández
Redactor jefe de fútbol
Jorge García Hernández (Palma de Mallorca, 1978) es redactor jefe de Fútbol. Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, es canterano del Diario As, donde entró en 2001. Fútbol base y Cierre como antesala a 15 temporadas siguiendo al Atlético de Madrid. Después, AS.com y Fútbol internacional.
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Rui Costa es, junto a Figo, el icono del fútbol portugués de los últimos quince años. Si el madridista se forjó en los hornos del Sporting de Lisboa, Rui lo hizo al regazo del águila del antiguo Estadio da Luz. Con nueve años, Eusebio, la mayor leyenda benfiquista, lo vio jugar en el Fafe y ya le auguró una carrera de éxitos. El primer gran episodio lo firmó con 19 años, cuando marcó el penalti que hacía campeona mundial juvenil a Portugal en 1991. En ese mismo verano llegó al Benfica y en poco tiempo se convirtió en el ídolo de un club que pasaba un periodo de transición. En tres temporadas en el Benfica, Rui Costa ganó una Copa y una Liga, pero sus regates en carrera, su visión de juego y su liderazgo llegaron a oídos de los ojeadores del Calcio. La Fiorentina fue finalmente quien se hizo con el joven valor portugués por siete millones de dólares.

En Florencia, Rui recogió el testigo de Antognoni y Baggio. La conexión con la hinchada viola fue total, siendo venerado en el Artemio Franchi. Era frecuente ver al portugués sometido a largas sesiones de firma de autógrafos, algo que él mismo facilitaba a los aficionados aparcando su coche fuera de la zona reservada a los jugadores. Este detalle respondía a que el propio jugador había sido un enloquecido cazautógrafos en su infancia. Guarda todavía el de Carlos Manuel, junto con Platini, su gran ídolo. Siete años pasó Rui Costa en la ciudad de los Medici y vivió un periodo dorado como socio de Batistuta. El periplo se cerró dramáticamente con la quiebra del club por la nefasta gestión de Cecchi Gori, quien lo quiso vender al Parma contra su voluntad. El portugués se negó y apareció el Milán, que lo compró por 38 millones de euros.

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