El Sevilla enseña al Depor la parte cruel del fútbol
Empató en la prolongación con un gol de Baptista

El fútbol se está ensañando con el Deportivo. Ayer enmendó la imagen depresiva mostrada ante el Mónaco. Pero su debilidad anímico-defensiva, es aún evidente. Un fallo de Pablo Amo fue argumento suficiente para que Carlitos anotara un gol nacido de la nada. Y un testarazo de Baptista robó la sonrisa a Riazor en el descuento. Es la cara más cruel del fútbol.
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El partido arrancó cargado de cautela. Los de Caparrós, temerosos de encontrar un adversario herido y los deportivistas rehabilitando su ego con un fútbol terapéutico. Ese juego preventivo se plasmó en dos estilos excesivos. Plano el Depor y vertical el Sevilla. Dos disparos de Luque prologaron el gol de Carlitos.
Braveheart. Sergio, que relevó a un renqueante Duscher, aumentó las pulsaciones blanquiazules ante un Sevilla poco sugerente. Scaloni contagió a Riazor con su entusiasmo y el fútbol se mudó al área de Esteban. El premio llegó en un centro pasado. Scaloni ofició de asistente con una dejada al borde del área, donde Sergio apareció con clase y decisión para marcar. El empate animó al Sevilla y desordenó a los gallegos. Este Depor ha olvidado una de sus señas de identidad: la colectividad. Cuando los partidos se desatan, cada uno hace la guerra por su lado. Mientras Antoñito animaba a un Baptista aletargado, Tristán abusaba del balón y de la paciencia de la grada. Con el partido al galope, se perdió una pelota en el área visitante. Y allá fue Scaloni, suerte de Braveheart en calzonas a quien su entusiasmo embarca en misiones insondables. Desarmó el empate y Riazor estalló. Pero como el fútbol se ensaña con el Depor, La Bestia igualó en el descuento. Empate que prolonga el desánimo de un Depor que no merecía tanto castigo. El Sevilla dejó sensación de que cuando quiere, puede. Ayer no quiso ganar. Prefirió no perder.



