Liga de Campeones | Olympiacos 1 - Deportivo 0

Otro ciclo que se acaba

Fran y Mauro se despiden de Europa con el Depor

<b>SIN CHAMPIONS NI UEFA. </b>Mauro Silva ya no podrá ganar una competición continental con el Deportivo.
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Punto final. Europa es historia. Y acabó como empezó, sin un triste gol que recordar. Al fútbol, siempre se jugó con porterías. Quien siembra, recoge.

Cuando uno se encuentra en una situación límite se puede comportar de dos formas: bloquearse presa del pánico al fracaso o relajarse y disfrutar. Esto último tiene su punto sadomasoquista, puesto que se parte de la premisa de que tienes más que ganar, ya que arrancas de la posición de perdido. El Depor inició el choque desahuciado, pero el partido tenía trampa para el Olympiacos, como avisó Bajevic, porque los coruñeses invitaron a los griegos a clavarles el diente y certificar por la vía rápida su defunción en Champions. El partido amaneció en el alambre, con las defensas a treinta metros de los porteros. En la medular organizaron un chill out y los delanteros se encontraron con verdes praderas a la espalda de las zagas. Así, Okkas evidenció sus limitaciones en un uno a uno en el que quedó hipnotizado por Molina y Schürrer vio una amarilla que debió ser roja cuando Luque se marchaba dispuesto a ajusticiar a Nikopolidis. El catalán se pasó la primera parte jugando al pañuelito con los defensas, pero el asistente no acertó con el número del catalán.

Como no llegaba la corná deportivista, surgió un gañafon del Olympiacos por medio de Kaffes, que envió una vaselina al larguero. Luego se embarulló el asunto. Nikopolidis cantó, César rondó el gol, Rivaldo agredió a Scaloni, Molina salvó otra ante Giovanni (anulada a toro pasao), Luque se encontró un balón en la esquina del área...

Suicida. La primera parte dejó la sensación de que el Depor necesitaba un punto más de arrojo. Un fútbol quasi suicida. Si hay que ir, se va, pero ir pa ná... Pandiani, quizás. Y arrancó la segunda mitad sin novedades, ni en el campo, ni en Mónaco, lo que era buena señal. Una acción, una sola, era suficiente. La tuvo Luque, que desenfundó su cañón, pero Nikopolidis se sacudió el disparo. La pelota era coruñesa, pero la necesidad convertía el esférico en un balón medicinal. Pesaba diez kilos al llevarlo y veinte a la hora de chutar. Y en estas, gol de Saviola. El fútbol del Depor entró en una fase de tibieza. Incrédulos, quizás escépticos, los jugadores atacaban como autómatas. A morir, matando. Djordjevic firmó la autopsia deportivista con su gol. Quedar fuera en Champions es comprensible, pero irse sin marcar anula cualquier excusa. La lástima es que Fran y Mauro Silva (sospecho que también Jabo) vivieron ayer su último viaje en Europa. El gran Depor, el equipo que enamoró al continente, se despidió sigiloso, callado, triste... Atenas vivió sin saberlo el capítulo final de dos hombres que han regalado mucho fútbol en estos años: Mauro Silva y Francisco González, Fran, los virreyes de Riazor. Gracias por todo.

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El detalle: Schurrer debió ver la roja

En el minuto 12, el argentino Gabriel Schürrer cortó con la mano un pase cuando era el último defensa. Vio la amarilla, pero debió ser expulsado por Terje Hauge.

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