Primera | Atlético 2 - Numancia 0

Pablo solucionó el atasco

El Atlético está en UEFA. El Numancia se encerró

<b>LA SEMANA DE PABLO. </b>El central marcó su primer gol en el Calderón, cuatro días después de debutar con la Selección. Siete días perfectos.
Iñako Díaz-Guerra
Actualizado a

Tiene mérito lo del Atlético. Tras doce jornadas, está en la zona UEFA sin jugar al fútbol. Porque los rojiblancos practican otro deporte, una especie de balón prisionero en el que tienen la pelota durante horas, se la pasan entre sí y, cuando se cansan de tocar sin avanzar, la pegan fuerte hacia delante, a ver qué pasa. Si la coge Torres, pasa algo. Si no, recupera la posesión y vuelta a empezar. Pero el Atlético tiene tres futbolistas excepcionales: el Niño, Perea y Pablo. Ayer fue este último el que resolvió el embrollo en el que se había metido su equipo, incapaz de encontrar la forma de superar la arcaica defensa por acumulación que planteó el Numancia. El cabezazo del central fue limpio, pero un empujón de Salva a Ochoa originó la polémica.

Parece falta. Para Máximo fue una "vergüenza" y una razón de peso para dedicar toda su rueda de prensa a cargar contra el árbitro. Una pena, porque tal vez podría haber explicado si no fue también una vergüenza su planteamiento ultradefensivo. En unos tiempos donde los equipos pequeños cada vez actúan con mayor descaro en casa de los grandes (se están perdiendo las formas, dirían algunos), el Numancia metió ocho hombres en su área durante todo el partido. El club soriano despidió recientemente a Francisco porque el equipo jugaba, pero no ganaba. Ayer no jugó ni a las tabas y también perdió. No le quedó ni un mínimo de épica romántica, que, digan lo que digan, sí vale de algo. Mejor morir de pie que (intentar) vivir de rodillas.

Esfuerzos baldíos.

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Porque, hasta el gol de Pablo, el Atlético no asustaba a nadie. Utilizar ocho jugadores para defenderse de sus ataques es usar vino de reserva para hacer calimocho. Un desperdicio. Los de Ferrando (ojo, de nuevo en chándal, la depresión sigue su curso) salieron con las mejores intenciones: Jorge de mediocentro, Ibagaza moviéndose entre líneas, Antonio López y Paunovic llegando a la línea de fondo y Torres peleando como un poseso. Lo dicho, buenas intenciones todas las del mundo. Pero ya se lo dijo Yoda a Luke Skywalker: "Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes". Y la mayor parte de lo que prueba el Atlético son fuegos de artificios. A Jorge se le vio de nuevo fuera de posición (cabe empezar a preguntarse si tiene posición) y Paunovic fue un fantasma. Ibagaza dejó muy buenos detalles, pero volvió a lesionarse. Y van mil. Mientras, Torres entraba en bucle: cada vez que se iba de un defensa, llegaba otro y así hasta infinito.

Lo que sucede es que, ante un rival tan rácano, bastan un par de detalles. El primero, que Ferrando se decidiese a meter a Salva y jugar con dos delanteros. El segundo, que Antonio López ganara el premio al primer atlético que logra dar un centro desde la banda, elevar la pelota y llegar al punto de penalti. Parece sencillo pero, visto lo que va de Liga, no debe serlo tanto. Allí apareció Pablo, harto de ver la incapacidad de sus compañeros, para cerrar una semana mágica: debut con la Selección y primer gol en el Calderón. Después, Antonio López, ya crecido, sacó una falta perfecta para premiar la brega de Torres con un gol. Luego, González Vázquez le sacó la roja por una faltita mínima. Tipos extraños estos árbitros. Aunque no tanto como una Liga en la que este Atlético roza la Champions.

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