Amistoso | España 1 - Inglaterra 0

La noche de Xavi y Rooney

El catalán conquista el Bernabéu. Número bufo del inglés, sustituido por leñero. Primer gol de Del Horno. Raúl falló un penalti. España mejoró.

Joaquín fue una pesadilla para la defensa inglesa.
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Salió y les dijo a los suyos, incluso a Raúl, que suyo-suyo no lo será nunca: "Moveros que os la pongo". Y se puso a ponerla como la pondrían los ángeles si jugaran al fútbol. Xavi Hernández dio un curso de gran fútbol ayer en el Bernabéu, que le dedicó una ovación cuando mediada la primera parte se acercó a tirar un córner porque su juego estaba siendo inmenso. ¿Qué no todos eran madridistas ayer? No me vale eso: yo he visto levantarse el Bernabéu para aplaudir a Maradona vestido de azulgrana. Y Xavi hizo cosas ayer que las firmaría el Diego. ¡Qué clarividencia, qué ritmo, que dinamismo, qué buen ojo, qué capacidad de liderazgo, qué centrocampista!

Subido a sus hombros, la Selección le pegó a ratos un meneo inolvidable a Inglaterra, que no tiró a puerta. Lo más peligroso de los pross lo hizo Pablo cuando sujetó a Smith en el área, pero el árbitro no vio ese penalti. Subida en Xavi, España jugó casi 40 minutos fenomenales. Joaquín fue un extremo de verdad. Raúl, entre líneas o arriba, es siempre referencia. Reyes no es extremo ni Torres 9-9, pero le pusieron ganas. Xavi&Xabi mandaban colosalmente. Atrás no había problemas para fijar a los ingleses. España mejoró notablemente anteriores apariciones.

Cuarenta minutos fue lo que hubo de partido en serio. En ese tiempo Asier del Horno marcó su primer gol como internacional, que acabaría siendo el de la victoria, y Robinson le paró un penalti a Raúl, que él mismo había cometido sobre el delantero español, según el leal saber y entender del árbitro griego.

Durante ese tiempo se evidenció que los futbolistas españoles juegan mejor al fútbol que los ingleses. Estos hacen lo de toda la vida, con las excepciones de rigor: meterse atrás y pegar el pelotazo buscando la rapidez de sus puntas. Pero ayer sus puntas fueron noticia porque uno, Owen, no la tocó, y otro, Rooney, pareció tocado... de la cabeza.

Lo que hizo ese muchacho en el Bernabéu fue insólito, un número bufo que obligó a Eriksson, su seleccionador, a mandarlo al vestuario un par de minutos antes de que acabara la primera parte. Y a Beckham meterse a pacificador entre los tantarantanes de los suyos y la cara de mala jandí que se les iba poniendo a los nuestros.

Como poseído por no se sabe qué demonio, el joven y macizo Rooney se lió a patadas con cualquier español que se le acercaba. En plena locura, llegó la jugada de su partido: Casillas dejó salir un balón por la línea de fondo y él le persiguió para empujarle de una manera tan violenta que pudo lanzar al portero: a) sobre un policía o b) contra la valla. Vamos, que hubo quien sospechó si tenía prima de Laporta... El follón que se armó fue de partido oficial; ¡por momentos, de final de la Copa del Mundo!

La verdad es que Inglaterra daba soprendentes patadas tratándose de un amistoso. Neville martirizaba a Reyes, como si el partido fuera la prórroga de aquel Manchester-Arsenal, Cole le daba a Joaquín y Lampard protagonizaba la acción más fea sobre Reyes, al que los ingleses no deben perdonar su electricidad y toque sevillano: le sacuden incluso los del Chelsea. Pero lo peor fue lo de Rooney, pues se fue él, el malo de la película, y se acabó con el partido. Fue irse los jugadores al descanso y terminar de hecho este España-Inglaterra que tuvo dos protagonistas, Xavi y Rooney y una segunda parte tostón.

¿Es inevitable que lo sean todas las segundas partes de todos los amistosos que prometen cosas? Seguramente influyen los cambios. No porque se perdiera calidad en el caso de España, sino porque se pierde el hilo y cuesta enhebrar la aguja. El dominio siguió en poder de los jugadores de Luis, pero a medida que pasaban los minutos sin la frescura de antes ni la intención ni diría que incluso el interés.

Inglaterra no vio puerta. Y nosotros la fuimos perdiendo de vista. A ese Robinson (que echó una vez de Europa al Barça con el Leeds, con Woodgate de central, ¡qué dato, eh!), le fue olvidando la Selección, y eso que Guti en el enganche y Luque arriba eran dos excelentes socios de Xavi, que siguió a lo suyo, mandando como un general, y Xabi, con be de bueno, al que también despidió el Bernabéu con aplausos, esos seguro que de madridistas que darían cualquier cosa por tener al donostiarra de su lado.

El clásico. Fue como si a medida que el miércoles languidecía, todos fueran recordando que pasado mañana está lo del clásico y que convenía ir recogiendo las cosas y pensando en el partidazo serio de esta semana.

Xavi fue el más ajeno a todo, pues siguió erre que erre, decidido a mortificar con su juego el ánimo madridista en su propia casa. Por si le quedaban dudas a García Remón, ya sabe por dónde le van a venir los tiros (al menos un par de cargadores) la noche del sábado: desde este Xavi, y de su socio Deco, que son los que han alzado al Barça hacia el liderato de la Liga.

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Por parte blanca, nada nuevo bajo el sol dejó el partido. Beckham lució apagando fuegos y el correteo de Owen le fue de maravilla para bajar la comilona de la otra noche en el Asador: ni una buena le pusieron. Michel estuvo correcto; Casillas, nada exigido y Guti estiró las piernas. En realidad, unos y otros están esperando a Ronaldo.

España ganó a Inglaterra la noche que Serbia tomó Bélgica y se dispara al frente de nuestro grupo de clasificación mundialista. Entre bolos y clásicos conviene no perder de vista lo importante: va a costar meterse en el Mundial.

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