En Valencia se tiran de los pelos

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Siempre he sostenido que Oliveira fichó por el Valencia a su pesar. El año pasado lo tenía hecho con el Betis. Pero los valencianistas se lo llevaron de manera sorprendente y Lopera se agarró un mosqueo de los buenos. Aquello marcó una temporada. Porque el presidente del Betis tuvo que fichar con carácter de urgencia a Palermo, que andaba en conversaciones con el Cádiz. Todos salieron perdiendo. Palermo no triunfó en Heliópolis y Oliveira se aburrió en Valencia más que con el programa de Sánchez Dragó. Dicho de otra forma. Todos salieron perdiendo. Lopera volvía a lamentarse otro año más de no haber fichado a Albert Luque por un millón de euros de diferencia. Estuvo a punto de traérselo, y al final se fue al Deportivo. Puede que sea su pequeña asignatura pendiente. Todos tenemos una.
Pero Oliveira siempre pensó en verdiblanco. Por eso, cuando se vio que el general romano Ranieri no le iba a dar bola porque prefería a sus cuatrocientos italianos, Oliveira no se lo pensó. Venir al Betis era lo que de verdad deseaba. Y ya ven. Marca un gol cada dos partidos, ya es una de las estrellas de la Liga. Desquició al Barça, aburrió a Puyol y mostró a su compatriota y amigo Ronaldo el camino más recto para vencer en el Camp Nou al cuadro azulgrana. Ronaldinho le llegó a felicitar cuando, siendo jugador che, marcó aquel golazo que le supuso el triunfo al equipo entonces entrenado por Rafa Benítez. Anteayer confirmó que el Barcelona se le da bien. En la acera verdiblanca ya es todo un ídolo. Y en Valencia están que se tiran de los pelos. Normal. Así le va a Ranieri. ¡País!



