García Calvo da el pase
Marcó un golazo en la prórroga. El Nàstic, superior

Fue un destello inesperado. En la prolongación de la primera parte de la prórroga, García Calvo, un central, enganchó un derechazo espléndido que rescató a un horrible Atlético del ridículo. El gol vino rodeado de polémica porque nació de una falta dudosa a Pablo y llegó dos minutos pasado el 115. Un añadido excesivo según el Nástic, cuyo entrenador, Luis César, acabó expulsado por protestar. Puestos a quejarse, podrían decir que Undiano participó en la jugada del tanto, ya que abrió perfectamente las piernas para dejar pasar el balón lanzado por Jorge en su camino hacia García Calvo. El Nástic también podrá decir que fue superior y no mentiría. Pero la única verdad es que sólo quedan ocho primeras en la Copa más abierta de los últimos años y el Atlético sigue soñando.
Pero tras lo visto ayer, su sueño tiene tantos visos de convertirse en realidad como cuando yo pienso que Audrey Hepburn se casará conmigo. Y lo único que le confiere las mismas opciones que a mí es el pequeño contratiempo de que mi diva está muerta. El Atlético que se vio en Tarragona fue infame. El equipo está cogido con alfileres y si, como ayer, Ferrando juega a las rotaciones, se viene abajo. El banquillo es mayoritariamente espantoso, con varios jugadores que no se entiende cómo pueden seguir teniendo minutos. Aguilera es una sombra. Les juro que despejó un balón franco con todas sus fuerzas, la pelota subió 20 metros y cayó exactamente en el mismo sitio. Se le debe un respeto por lo que ha sido, pero no es un final digno para una carrera. En cuanto a Novo y Musampa, seguir hablando es perder el tiempo.
Porque ayer el Atlético se vio acorralado por un rival que no demostró nada del otro mundo. El Nàstic jugó como lo que es: un equipo humilde de Segunda. Los rojiblancos lo hicieron como si fueran el filial, un Segunda B. Incluso antes del gol, García Calvo y Pablo habían sido el único sosten de los de Ferrando. Se hartaron de apagar incendios. Ya al final se les unió Leo Franco que tuvo que resolver varias acciones complicadas, especialmente una gran falta de Pinilla, el local más peligroso, a la que respondió con una soberbia estirada a la escuadra.
Aburrimiento.
Hasta el golazo de García Calvo, lo más divertido había sido una sustitución imposible: se fue la Vieja y entró Ñoño. Lucir ciertos apodos en público es una demostración de valentía. Todo lo demás era observar a Sosa pegar a cada jugador con camiseta roja que se le aproximaba, al Atlético maltratar a la pela como si le hubiera hecho algo y a Ferrando, tradicionalmente impecable con sus trajes, con sudadera. No sé si sería una señal de lo en serio que se va a tomar la Copa. O si ver jugar a su equipo le ha sumido en la fase chándal, primera etapa de cualquier depresión que se precie: uno no tiene ganas ni de arreglarse. Ayer se llevó otra mala noticia porque, junto a los naufragios esperados, también fracasaron Colsa y Paunovic, dos de sus pocos suplentes de garantías.
Así las cosas, el Atlético puede darse con un canto en los dientes, porque Tarragona no se convirtió en Vietnam de puro milagro. Mirando hacia delante, si el sorteo puro le ayuda un poco, la Copa está a tiro. Eso sí, tendrá que poner velas a todos los santos y algún diablo para que las lesiones respeten a Torres (sobre todo), Ibagaza y Luccin. Luego deberá decidir si de verdad va a por ella y, de ser así, Ferrando deberá asumir que no tiene equipo para rotar. Ayer García Calvo evitó del ridículo y concedió una vida extra. Veremos si saben aprovecharla.
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Le puede tocar el madrid
El sorteo de octavos será puro, por lo tanto al Atlético podría tocarle desde uno de los cuatro equipos de Segunda B que restan al mismísimo Real Madrid. Mucho morbo.




